“Los dioses lloran sangre”, de Curtis Garland

Los dioses lloran sangre; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; portada de Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, julio 1975. Colección: La conquista del espacio; nº 256.

Reedición:

  • Los dioses lloran sangre; ilustración de la cubierta: Agencia Norma / Prieto Muriana. Molins de Rey: Ediciones Astri, 1987. Colección: Ciencia Ficción; nº 21.

 

  • Género | materias: ciencia ficción |exploraciones espaciales – megalómanos – poderes psíquicos

 

dioses 1

Una novela con un tono casi surrealista. El arranque podría recordar un poco a la estupenda película El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, Val Guest, 1955), con el regreso a la Tierra de una nave exploratoria en un pésimo estado, y su piloto convertido en algo distinto; si en el clásico de la Hammer el astronauta se iba convirtiendo en algo así como un hombre planta, aquí tenemos, desde el inicio, al explorador espacial convertido en oro; además, cuando se le intenta abrir para ver su contenido, la sangre brota transformada en rubíes, y debajo de todo ello parece consciente.

El protagonista, que está analizando los restos de la nave en busca de una respuesta, la encuentra en la forma de un extraño instrumento musical que le conecta telepáticamente, a través de los eones estelares, con una misteriosa y atractiva mujer. Todo ello le impulsará en un vuelo a través del cosmos, y un enfrentamiento con una entidad superpoderosa, un tanto al estilo de los personajes del universo Star Trek como Gothos o Q.

dioses 2

La idea es atractiva, pero no es de lo mejor de Garland. Parece que va improvisando sobre la marcha —muchas de estas novelitas, sin duda, debían escribirse así—, y va añadiendo incidencias a media que la extensión lo exige. El final es un mero enfrentamiento con el clásico ser omnipotente al que se derrota de un modo casi casual, muy en la línea deus ex machina. Con todo, el soberbio oficio del escritor nos depara un gran entretenimiento.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Rumbo al más allá”, de Silver Kane

Rumbo al más allá; por Silver Kane [Francisco González Ledesma]; ilustración de la cubierta: Lozano Olivares. Barcelona: Bruguera, agosto 1964. Colección: Archivo secreto; nº 19.

AS_019_Rumbo al mas alla[Silver_Kane]

 

Silver Kane fue un escritor que tocó cierta diversidad de géneros, así, el terror, la ciencia ficción y, en especial, el wéstern. Pero su género preferido siempre fue el criminal. Cuando, años más tarde, consiguió prestigio crítico escribiendo con su auténtico nombre, Francisco González Ledesma, consiguió reputación como un esforzado autor policial. E inclusive, si uno se fija, muchas de sus aportaciones bolsilibrescas de otros géneros son en realidad tramas criminales encauzadas hacia esos géneros. No cabe duda, pues, de sus predilecciones. Sin embargo, muchas de esas novelas policiacas de a duro se invalidaban, en ocasiones, por uno de estos dos factores (o ambos): uno, que en muchos casos se tomaba el asunto a pitorreo, algo que, intrínsecamente, no es malo, pero que se percibía que un punto de partida atractivo se veía frustrado por un toque en exceso ligero; y otro, que en ocasiones se notaba que, llegado cierto lugar de la trama, el autor de pronto se cansaba o aburría, perdía interés por lo que estaba contando, y terminaba de cualquier manera, estropeando lo aportado hasta ese momento.

Rumbo al más allá es una de sus mejores novelas. Leyéndola me ha hecho recordar más de una vez una excelente e infravalorada película como es Estambul (1943), de Norman Foster. La presente novela se centra casi toda ella en un viaje en barco donde el protagonista se enfrenta a una conspiración de espionaje y misteriosas muertes, mientras que el film de Foster tenemos al protagonista en un barco perseguido por agentes nazis. Se da además la circunstancia de que la película se titula originalmente Journey Into Fear, esto es, “Viaje hacia el miedo”, y de hecho está basada en una novela del especialista en el género Eric Ambler, conocida aquí como Viaje al miedo[1]. Con respecto a la película, protagonizada por Orson Welles, su amigo Joseph Cotten y su entonces pareja Dolores del Río, existe el rumor de que el autor de Sed de mal dirigió la película en realidad, o al menos parte, y cierto es que el resultado tiene innegables resonancias wellsianas.

La novela de Kane, por lo demás, ofrece un cierto tono wellsiano. La narración se efectúa en primera persona —algo bastante habitual en los bolsilibros— y en presente continuo —algo bastante menos habitual— (aunque hay un momento, hacia la mitad, y durante ocho líneas, que al autor se le olvida y pasa al pasado para luego retornar al presente). Ello confiere a la historia un cierto aura pesadillesco, acorde con la incertidumbre mental del protagonista: cuando empieza la novela se encuentra a bordo de un tren, sin saber cómo ha llegado allí, y una misteriosa mujer le indicará que se dirija hacia un barco, donde emprenderá un viaje de destino incierto.

Así, la novela se desenvuelve en una intriga cautivante, donde ni el propio protagonista sabe muy bien qué está pasando a su alrededor. Cierto es, cuando la narración lleva como dos tercios de la novela se desvelan bastantes situaciones, y ahí, como es habitual en Kane, las cosas no se sostienen en exceso, y a lo largo de la historia entra en variadas contradicciones, posiblemente por el hecho de escribir de un tirón y olvidársele situaciones previas, replanteándolas de modo distinto. Peso eso no importa demasiado, dado que prevalece una atmósfera inquietante y de pesadilla, que muy bien podría haber dirigido Orson Welles en una hipotética película con sus clásicos encuadres inclinados y en contrapicado, y con el propio Joseph Cotten de protagonista, y Welles como el esquivo y misterioso asesino, que aparece de forma insospechada y entre sombras, tal como su personaje de El tercer hombre.

Una joyita, en resumen, que si se corrigieran los errores de continuidad y de estilo se podría publicar hoy en día perfectamente dentro de una colección estándar. Y, si el editor tiene prejuicios, con el verdadero nombre del autor. Merece mucho la pena.

Carlos Díaz Maroto

 

CALIFICACIÓN: ****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] Traducción de Manuel Sáenz de Heredia. Barcelona: RBA, 2015. Colección: Maestros del thriller.

“Los crímenes de la novia”, de Mortimer Cody

Los crímenes de la novia; por Mortimer Cody [Francisco Vera Ramírez]. Pinto, Madrid: Rollán, 1972. Colección: Terror; nº 16.

  • Reedición: Pinto, Madrid: Editorial Andina, 1979. Colección: Terror; nº 151.

 

  • Género | materias: terror | crímenes – body count – psycho-killer

 

novia1b

Mortimer Cody (esto es, Francisco Vera Ramírez) está hoy en día muy olvidado, posiblemente por el hecho de que, de rebote, su hermano Lou Carrigan (esto es, Antonio Vera Ramírez) posea una gran popularidad. Pero ello es bastante injusto, dado que su capacidad narrativa era bastante acusada, tanto en el aspecto estilístico como de composición de tramas. Destacó particularmente en el wéstern y el policial, y algo menos en el fantástico, se tratara de ciencia ficción o terror. Puede que por ello la presente narración sea en realidad de carácter realista, y eliminando el carácter morboso de los crímenes, podría haberse calificado como de género criminal. De hecho, la novela es una mezcla de la estructura de Diez negritos y antecede un tanto a las películas de terror, variante body count, que se presentarían pocos años después. Precisamente, convertir esta novela en un film podría deparar muy atractivos resultados, tanto por su interesante trama como porque las apariciones de la entidad criminal, vestida con un traje de novia, proporcionaría momentos atmosféricos absolutamente impagables.

novia2

La trama arranca con un prólogo, para luego situarse unos años después en una mansión, donde una mujer ha sido asesinada; mientras esperan a la lectura del testamento y a que la policía investigue ese crimen, nuevas muertes tienen lugar en torno a los herederos. Como puede verse, muy tradicional, salvo por la referida peculiaridad de que es una novia, con velo y ramo, quien comete los asesinatos. Ese entorno resulta interesante, así como los personajes y las relaciones que los vinculan, y destaca de manera particular unos diálogos muy bien escritos y de una mayor madurez y profundidad de lo que es norma en los bolsilibros.

Una excelente muestra, pues, de literatura de terror, versión realista, y que merecería una reedición, inclusive en una publicación ajena a la modalidad del bolsilibro, junto a alguna otra obra del autor. Se lo merece.

Carlos Díaz Maroto

 

CALIFICACIÓN: ****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Nieve teñida de rojo”, de Donald Curtis

Nieve teñida de rojo; por Donald Curtis [Juan Gallardo Muñoz]; autor de la portada, Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, marzo 1975. Colección: Búfalo. Serie roja; nº 1119.

Reediciones:

  • Barcelona: Bruguera, abril 1984. Colección: Búfalo. Serie roja; nº 1587.
  • Barcelona: Ediciones B, 2000. Colección: Lejano Oeste; nº 6.

 

nieve1

Nieve teñida de rojo comienza con tres grupos de personajes muy distintos. Por un lado, tenemos un destacamento militar de Fort Laramie que regresa al fuerte, mientras parecen ir siendo masacrados de uno en uno por un compañero; por otro lado, tenemos a un sheriff que traslada a un criminal para que lo ejecuten en la horca; y, por último, dos mujeres sobrevivientes de un ataque de un grupo de forajidos, que mataron al hermano y al marido de cada una de ellas, y violaron a la otra, y luego volaron la casa con explosivos, dándolas por muertas. Poco a poco, los personajes irán confluyendo y veremos el vínculo que se establecerá entre ellos.

nieve2

Si bien se presta atención a todos estos elementos, poco a poco se va adueñando de la narración la trama del asesino, por lo cual la presente novela tiene la peculiaridad de ser un thriller ambientado en el Oeste, lo que le confiere una especial singularidad e interés. Por lo demás, el perfil de personajes es muy interesante, si bien al principio, la protagonista femenina, una vez acontecido lo referido con anterioridad, clamará que a partir de entonces se dedicará a odiar a los hombres; cuando llega el destacamento militar, mostrará una lógica desconfianza, pero al poco se olvida de su promesa y pronto comienza a sentirse interesado por el sheriff. Mientras, su amiga, hará lo mismo con el teniente.

nieve3

Gallardo narra con precisión esta historia, si bien cabe referir que, tras mantener un ritmo pausado y firme, el final se antoja un tanto precipitado, defecto este inherente a muchos bolsilibros, cuando el autor debía mantener una extensión fija y se encontraba con que, cuando llegaba a la conclusión, carecía de las suficientes páginas. Ello no es óbice para conformar una obra excelente.

 

Carlos Díaz Maroto

 

CALIFICACIÓN: ****

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Viaje al infinito”, de Marcus Sidereo

Viaje al infinito; por Marcus Sidereo [María Victoria Rodoreda]; autoría de la ilustración: Antonio Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, 1972. Colección: La Conquista del Espacio; nº 110.

  • Género | materias: ciencia ficción | viajes espaciales – hibernación – mundos habitados – especies alienígenas.

 

viaje al inifintoç

En el futuro, dos astronautas, Lanel y Checow, son los seleccionados para un proyecto límite: realizar, en una novedosa nave estelar que alcanza inusitadas velocidades, un viaje sin final por el espacio en estado de hibernación alterna. Pero existen dos problemas: uno de los dos cosmonautas, Checow, es, sin que nadie lo sospeche, un alienígena que pretende regresar a su planeta y –no menos importante– Marga, la novia de Lanel, se ha colado de incógnito en la nave solo apta para poder vivir dos tripulantes.

La novela aparece dividida en tres partes: la primera desarrollada en la Tierra, con los prolegómenos del viaje; la segunda dentro de la nave, con las disputas entre los tres protagonistas ante la sospecha de que uno de ellos es un infiltrado; y la tercera en Plutón, planeta habitado por una extraña y autoritaria civilización tecnológica de donde es oriundo Checow. Y, como epílogo, ya solucionados los conflictos mortales entre los plutonianos y Checow con ayuda de Lanel, convertidos los dos en fieles y eternos amigos, el verdadero inicio del viaje en la supernave de Marga y Lanel hacia el infinito.

Con este argumento y la mencionada estructura, Marcus Sidereo nos ofrece una muy digna narración llena de inquietud, tensión y suspense, con todas las características de la autora, como las secuencias con montaje paralelo, la extrañeza en muchos contenidos del argumento, la sorpresa en distintos giros de la historia y el tono de cierta melancolía en los personajes, pero donde prima, en esta oportunidad, antes que la propia acción, la relación entre los protagonistas en un espacio cerrado y en una situación desesperada. También el sentido último de la comprensión humana y de la amistad. Ello no anula la aventura y la lucha contra los extraterrestres para salvar al navegante Checow, tildado como traidor por los de su propia especie y condenado a una muerte terrible.

Una novela, en fin, con una carga de emotividad y de misterio que sorprenderá gratamente a los lectores, otorgando unas horas de divertimento y reflexión.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.5

 

Luis Ángel Lobato Valdés

“El átomo juega su baza”, de S. D. Haltes-Falmor

El átomo juega su baza; por S. D. Haltes-Falmor [Salvador Dulcet Altés]; ilustración de la cubierta, Cha’Bril. Barcelona: Toray, 1954. Colección Espacio – El mundo futuro; nº 1.

  • Género | materias: ciencia ficción | avances técnicos – guerras mundiales – yetis

 

atomo

Salvador Dulcet Altés (1914-1987) es particularmente conocido por su labor de traductor para Ediciones Vértice, donde se hizo cargo de trasladar al español las aventuras del Universo Marvel. Pero hizo también otras muchas labores en el mundo de la cultura popular, entre las cuales se cuenta escribir bolsilibros, en especial montones de novelas del Oeste y de guerra, así como un puñado de historias de ciencia ficción, desde que debutara en este ámbito en 1954 con la novela que nos ocupa, hasta Tiempo mutante, de Andina, en la colección «Galaxia 2001» nº 123, en 1978 (reedición, en todo caso, de la obra publicada originalmente en 1972 en «Ciencia Ficción» nº 110 de Toray), con el seudónimo de Roy Silverton, que es el que más empleó. De hecho, con este otro tan extravagante de S. D. Haltes-Falmor (podemos deducir que “S. D.” corresponde a Salvador Dulcet, “Haltes” es una extranjerización de Altés, y “Falmor” posiblemente sea una alusión familiar que desconocemos) solo aportó una novela más, también en esta colección, en concreto el número 7, de título Pánico, y que se reeditaría en la misma colección en el número 532.

La colección «Espacio – El mundo futuro» fue una de las más veteranas y longevas dentro del mundo del bolsilibro, y máxime dentro del género de ciencia ficción, pues debutó, como hemos visto, en 1954, y finalizó en 1973, con Datius-1000 de Louis G. Milk, esto es, Luis García Lecha, posiblemente el autor más ligado a la colección, pues debutó en el nº 2, con la novela El cerebro, en ese caso amparado en el seudónimo, más popular, de Clark Carrados[1]. Desde luego que las primeras entregas de la colección se caracterizan por un tono muy diferente al que luego caracterizarían, por norma, las series de ciencia ficción en formato bolsilibro.

El átomo juega su baza es, pues, la novela con la cual se inauguró la colección, y es también bastante diferente a lo que después se caracterizaría. Básicamente, es una historia bélica y de aventuras ambientada en un futuro que, como casi siempre, contraponía avances asombrosos con otros elementos muy propios de la época en que se escribió. Hay momentos de la historia que remiten un tanto a las narraciones de las revistas pulp de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, con el megalómano torturando a sus víctimas. El argumento se centra en un futuro conflicto bélico entre el eje oriental y el occidental y, por supuesto, ofrece a los rusos como bárbaros y sin clemencia, mientras que los norteamericanos son un dechado de virtudes, aunque disponen “de unas leyes demasiado benévolas”. En cuanto a Europa, ha sido invadida por los soviéticos, sirviéndose de hordas de abominables hombres de las nieves, que el dictador que rige el país ha descubierto en las montañas del Himalaya. España, por cierto, no es mencionada para nada, y no sabemos si los Pirineos sirvieron de barrera para los yetis.

Sencilla, divertida, elemental, sin embargo es una muestra muy digna, y es un buen arranque para una colección, teniendo en cuenta la fecha y lo que por aquel entonces nuestros autores conocían del género a tenor de lo publicado aquí.

 

Carlos Díaz Maroto

 

CALIFICACIÓN: ***

  • bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

 

[1] En alguna etapa, inclusive, fue autor exclusivo de la colección, alternando ambos seudónimos, así desde el nº 8 hasta el 30, violándose la norma solo dos veces, en el nº 22, con La incógnita de Marte de Peter Barton (Amadeo Ventura), y en el nº 27 con Elia, reina de Júpiter de Austin Tower (Agustín de la Torre), y no sería la única ocasión.

“La muerte elije”, de Donald Curtis

La muerte elije; por Donald Curtis [Juan Gallardo Muñoz]; autoría de la ilustración: Provensal. Barcelona: Editorial Bruguera, 1953. Colección: Detective; nº 41.

 

La muerte elije, portada

Aparecida en noviembre de 1952, la colección «Detective» tiene especial interés por tratarse de una de las primeras publicadas por Bruguera en formato de bolsilibro, junto a las colecciones dedicadas a la novela romántica —«Pimpinela», «Madreperla», «Rosaura» y «Amapola»—, al oeste —«Bisonte»—, y al género criminal y de acción contemporánea —«Servicio Secreto»—. También, como hecho excepcional, se da la circunstancia de que «Detective» compaginó la publicación de autores anglosajones traducidos, como Ricky Drayton o Michael Storme, bastante menores, junto a las habituales firmas españolas con seudónimo: más de la mitad de los títulos de la colección, de solo cuarenta y ocho números, fueron escritos por la estrella literaria de la casa, Pedro Debrigode, bajo los noms de plume de Vic Peterson, Geo Duncan y Arnold Briggs —Peter Debry ya lo estaba utilizando en aquella época dentro de «Servicio Secreto»—.

Otro de los autores españoles que prestó sus servicios en esta más que jugosa colección fue Juan Gallardo Muñoz, con su seudónimo Donald Curtis. Un jovencísimo Juan Gallardo que con veinticuatro años, después de practicar el periodismo, publicaba su primera novela, esta La muerte elije [sic].

untitled

Periodista, precisamente, es el protagonista de la historia. Doug Martin, después de su despido del diario neoyorkino donde trabajaba, recibe una oferta de otro periódico ubicado en una ciudad cercana a Los Ángeles. Dado que le prometen correr con los gastos del viaje, Martin se planta en la costa oeste para escuchar qué condiciones de trabajo le brindan, y descubre que buscan sus dotes como redactor, sino su bien nutrido archivo de cronista de sucesos. La ciudad a la que acaba de llegar Martin se encuentra en campaña para escoger al futuro fiscal; el periódico que ha llamado a Martin, órgano propagandístico de uno de los candidatos, pretende arruinar a la competencia sacando a la luz un feo incidente en el que estuvo implicado su rival muchos años atrás. El periodista posee todas las pruebas y, aunque le ofrecen por ellas una cantidad suculenta, no se siente cómodo participando en una maniobra tan sucia, así que rechaza colaborar con el diario y busca empleo en una cabecera de la competencia. Casi de inmediato, el asesinato de uno de los candidatos convertirá el asunto en algo aún más turbio y complicado…

Al tratarse de una novela de principiante, lo primero que llama la atención durante su lectura es que no lo parece. Está impecablemente escrita, prueba del talento natural de Gallardo como narrador, que le llevaría a convertirse en profesional de la ficción durante décadas, y su trama resulta bastante sólida. Si de algo adolece la narrativa publicada en los bolsilibros es, en su afán por resultar fácil, de subestimar a los lectores y simplificar mucho sus propuestas argumentales. La novela criminal de bolsilibro, por lo general, tiende más a la acción que a la deducción, y cuando el villano o asesino de la historia se nos ocultan, es raro que el lector no adivine con mucha antelación su verdadera identidad, tan trasparente y convencional suele ser la respuesta. La muerte elije, en cambio, situada en un escenario muy norteamericano de impecable ambientación, sostiene una mecánica propia de la novela enigma, con múltiples sospechosos y una solución lógica, aunque se disimula con habilidad suficiente para mantener la intriga hasta el final. Los referentes de Gallardo eran, sin duda, las novelas de Philo Vance y Perry Mason —Gallardo llega a citarlos explícitamente—, en especial las de este último investigador, pues el estilo ágil de Erle Stanley Gardner se ajusta bastante al que utiliza el escritor español en esta novela. Si nos encontráramos el texto sin firmar, bien podría pasar por una novela corta publicada en cualquier revista estadounidense, como Black Mask o Ellery Queen’s Mystery Magazine, fruto del trabajo eficaz de un autor «clase media». Y recordemos, de nuevo, que Juan Gallardo se estrenaba como narrador.

La novela popular española de los cincuenta guarda no pocos tesoros. En aquellos días había una mayor preocupación por el estilo que el que tendrían —obligados o no por directrices editoriales— los autores de los setenta y ochenta. Juan Gallardo, nexo de unión entre ambas épocas y superviviente a todos los cambios de esta literatura de entretenimiento, es, con justicia, considerado uno de sus mejores artífices. Muy pocas veces decepciona, y la semilla de esta habilidad para contar historias, de la seriedad con la que se tomaba su trabajo la encontramos ya en La muerte elije, digna de ser recuperada 1.

Armando Boix

 

1 Y de hecho se recuperó, por parte de Darkland, en 2015, en un volumen conjunto junto a otras dos historias de Gallardo, ¡Silba, muerte, silba! y Cerco de sombras, y ya con el título escrito con la ortografía correcta. (N. del E.).