“Los esclavos de Silón”, de Red Arthur

Los esclavos de Silón; por Red Arthur [Arturo Rojas de la Cámara]; ilustración de la cubierta, Cha’ Bril [Joaquín Chacopino Fabre]. Barcelona: Toray, 1957. Colección: Espacio – El mundo futuro; nº 56.

Reedición:

  • Pinto, Madrid: Editorial Andina, 1984. Colección: Bolsilibros EASA – Galaxia 2001; nº 338.
  • Género | materia: ciencia ficción | guerras interplanetarias – aventuras espaciales.

Arturo Rojas de la Cámara (1930-2019) nació en Paterna (Valencia) —donde hay una calle con su nombre—, y comenzó a colaborar con la Editorial Valenciana en la categoría de dibujante, para la cual trabajó en las cabeceras Pumby y Jaimito, donde se amparaba bajo el (pseudo)seudónimo de Rojas de la Cámara. Más adelante llegó a publicar dentro de ese ámbito para Bruguera, y aún en el extranjero, gozando de prestigio. Tal como cita José Carlos Canalda[1]: «Sus personajes más conocidos fueron Cucharito, Nabucodonosor, Gedeón, El genio Eustaquio, Agente 7-7 a la izquierda, Centaurito, Aladino, Don Percebe y Basilio, Aníbal, Quico y, para el Reino Unido, Sir Gaslight Gadabout

El autor

Dentro de su labor como escritor, esta se circunscribió solamente a los años 1957 y 1958, cuando publicó novelas bélicas, del Oeste y de ciencia ficción. Ello surgió a raíz de una apuesta con un amigo, donde se retaron a ver quién de los dos escribía mejor. Pero Rojas prefería la ilustración, motivo por el cual abandonó la escritura y siguió centrado en el dibujo. Las posteriores reediciones de su obra se efectuaron sin su consentimiento. He buscado su bibliografía como escritor y lo que sigue es lo que he localizado, separándolo en los tres géneros arriba consignados:

Tras el sol naciente. Valenciana (1956) – Comandos; 195.

Una vida por un penique. Valenciana (1956) – Comandos; 199.


“Czarda” trágica. Valenciana (1956) – Comandos; 209.

El secreto de las Rocosas. Toray (1957) – Rutas del Oeste; 158.


La ciudad submarina. Valenciana (1956) – Luchadores, del Espacio; 75.

Intriga en el Cosmos. Toray (1957) – Espacio – El mundo futuro; 50. Reed.: Andina (1985) – Galaxia 2001; 357.

Los esclavos de Silón. Toray (1957) – Espacio – El mundo futuro; 56. Reed.: Andina (1984) – Galaxia 2001; 338.

Vagabundos del infinito. Toray (1957) – Espacio – El mundo futuro; 61. Reed.: Toray (1972) – Espacio – El mundo futuro; 528. | Andina (1981) – Galaxia 2001; 219.

El juego de la muerte. Toray (1957) – Espacio – El mundo futuro; 69.

Un mundo muerto. Toray (1958) – Espacio – El mundo futuro; 100.

Los esclavos de Silón se ambienta en el siglo XXX, cuando la Tierra ha colonizado todos los planetas del Sistema Solar. ¿Todos? No, existe una pequeña aldea, mejor dicho, un pequeño planeta, Plutón, cuyos habitantes se han resistido al dominio de la madre patria. Al fin, los regentes, junto a algunos incondicionales, se han autoexiliado a los satélites exteriores más allá de Plutón, mientras que los que quedan en el planeta han aceptado a regañadientes el control terráqueo. En ese contexto, el protagonista ha de transportar en secreto a alguien desde Plutón a la Tierra. El héroe quedará anonadado cuando descubra que la persona que debe trasladar es una mujer atractiva y pelirroja.

La historia se halla influida, sin lugar a dudas, por los antiguos cómics de Flash Gordon o las novelas sobre John Carter de Edgar Rice Burroughs. Es decir, es una aventura espacial que, desde luego, no debe analizarse como ciencia ficción medianamente «seria», se considere eso lo que se considere. El año en que esta novela se publicó, 1957, fue el mismo año en el cual Stanislaw Lem presentaba Diarios de las estrellas (Dzienniki gwiazdowe), Isaac Asimov ofrecía El sol desnudo (The Naked Sun), John Wyndham ofrecía Los cuclillos de Midwich (The Midwich Cuckoos), Philip K. Dick exponía Un ojo en el cielo (Eye in the Sky)… En aquellas fechas, ese tipo de literatura estaba inaccesible en España, a menos que supieras inglés y pudieras conseguirlo desde fuera. Comparar lo que en aquel entonces se producía aquí con lo que aparecía en otros países es tanto injusto como absurdo. Sirva como ejemplo un momento en que un habitante de Plutón da de plazo a un personaje «dos años plutonianos»; teniendo en cuenta que Plutón tarda en su órbita 248 años terrestres se comprende lo absurdo de la situación. Contextos como ese no deben tomarse en cuenta, y debe leerse la historia como un mero divertimento sin más objetivos realistas, y acaso imaginarse que, en lugar de transcurrir en el Sistema Solar, lo hace en una galaxia muy, muy lejana…

Aparte de este detalle, la forma en que se retrata al personaje femenino también está de acorde con las convenciones de la época. La protagonista es una científica muy inteligente, no en vano ha desarrollado un ingenio bárbaro. Sin embargo, es una mujer y, como tal, sensiblera, blanda y a la que hay que ayudar en todo momento. Eso se daba incluso en gran parte del cine hollywoodiense de ese período histórico y, o bien lo aceptamos, o no leemos ni vemos nada de aquel entonces.

Por lo demás, se trata de la típica aventura espacial, con buenos muy buenos y malos muy malos, sin más matices. Cabe destacar que el segundo de a bordo de la nave es español o, tal como es descrito en la novela, «de la Península Ibérica», y se le adorna con los tópicos habituales con los que a los de nuestro país caracterizan en el extranjero: moreno, alegre y aguerrido. Los esclavos de Silón es un entretenimiento sencillo, efectivo, sin más complicaciones ni más lecturas de ningún tipo. Pero está correctamente escrita (salvo el clásico envaramiento de las obras de estas fechas) y hay algunos diálogos bastante bien desarrollados.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **⅟₂

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] En su artículo «Arturo Rojas, un dibujante metido a novelista»: https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op01501.htm

“Lágrimas calcinadas”, de Ralph Barby

Lágrimas calcinadas; por Ralph Barby [Rafael Barberán y/o Àngels Gimeno].Barcelona: Olimpic, 1989. Colección: Escalofríos de terror; nº 30.

  • Reedición: Estados Unidos: Lady Valkyrie, 2014. Colección: Fantasía y terror; s/n.  
  • Género | materia: terror | pacto fáustico – Satanás

Ralph Barby es de los pocos autores (por no decir el único) que, estando vinculado a la edad de oro del bolsilibro, aún hoy día sigue en activo. El Grupo Tierra Trivium le ha publicado alguna antología de relatos de terror hace unos años, pero a mediados de los ochenta, cuando los bolsilibros estaban ya de capa caída, entre Rafael Barberán y Àngels Gimeno (que son quienes se hallan, de alguna manera, detrás del seudónimo de Ralph Barby) fundaron una editorial, llamada Olimpic, con la cual editar sus obras. Rafael lo recuerda así[1]:

Àngels y yo dijimos: «Nuestras novelas valen». Fuimos a La Caixa, puse los libros sobre la mesa y dije: «Quiero un préstamo para esto». Y nos lo dieron. Arriesgamos mucho dinero para poner en marcha nuestra pequeña editorial, que ha durado más de veinte años. Publicamos tiradas del oeste y de terror, que son las que mejor se vendían. Ahora la tenemos en standby.

De esas de terror que menciona corresponden 37 títulos aparecidos en la colección «Escalofríos Terror», que comenzó con El espíritu nunca muere (mayo de 1987) y finalizó con La gaviota caníbal (junio de 1989). Fuera de esa colección, además, sacaron Viaje al horror (2008), El alquimista de la serpiente ciega (2009) y Tengo miedo, por favor, ayúdame (2009), las dos primeras reediciones de «Selección Terror».

Lágrimas calcinadas (hermoso título) arranca de un modo que podría parecer convencional: una modelo, mientras viaja en su coche a una fiesta, sufre un accidente y el vehículo estalla en llamas. Ella aún sobrevive, después de estar más flambeada que un plátano en un restaurante chino, y algo que acecha en un lago cercano, del que solo vislumbra unos ojos terribles en la superficie del agua, le ofrece recuperar su belleza. Así es, aparece flamante y hermosísima en la fiesta. Pero, paulatinamente, va mostrando un carácter cada vez más caprichoso y despótico; además, en las fotos no sale muy favorecida, y esa es su profesión, al fin y al cabo…

A partir de ahí tenemos un retrato bastante atinado sobre la ambición y falta de escrúpulos de una mujer. El tema de terror, diríase, casi no importa, gracias a lo atinado de la narración, los interesantes personajes y el desarrollo de la trama. Con todo, esa parte de terror, por supuesto, es indisoluble con el resto de la obra, que demuestra la profesionalidad del/los autor/es, efectuando una novela tan entretenida como interesante.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] En «Ralph Barby, leyenda del pulp: “No existió literatura española de terror hasta que la hicimos los de Bruguera”», entrevista con José Miguel Vilar-Bou (28 de junio de 2015). Publicado en elDiario.es (Ralph Barby, leyenda del pulp: “No existió literatura española de terror hasta que la hicimos los de Bruguera” (eldiario.es))

“Ratas en el jardín”, de Lou Carrigan

Ratas en el jardín; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]. Barcelona: Bruguera, mayo 1978. Colección: Archivo Secreto; nº 236.

La presente supone una aventura de la agente secreta Baby, Brigitte Montfort, y como tal aporta un nivel cualitativo medio habitual en estas aportaciones por parte de Lou Carrigan. En ella, nuestra amiga decide hacer una visita a un agente con la que tiene un romance, de nombre el clave Número Uno. Cuando a su villa llega lo descubre en la piscina con un montón de mujeres despampanantes, y tanto la madura criada italiana con la cual el hombre vive como él mismo se portan con ella como si no la conocieran. Ella alude a un error sobre la compra de la edificación y se larga a la ciudad. Todo ello no es sino el inicio de una intriga donde se alían jeques árabes, agentes soviéticos, traidores, la OPEP y el Mercado Común Europeo.

Cabe destacar que gran parte de la trama, una vez se inicia el meollo, se la pasa Baby disfrazada de ancianita, tapujo que ya ha empleado en más ocasiones, y en otro de una rubia madura no en exceso atractiva. Por lo demás, todo sigue los moldes establecidos en este tipo de novelas, y al final tenemos una vuelta de tuerca que nos depara una sorpresa más acerca de la confabulación referida, lo cual también es norma en las tramas de Vera Ramírez, en las cuales de igual modo se fusionan una simpática ligereza con una cierta gravedad de fondo que consiguen un muy buen equilibrio, algo para lo cual se necesita un escritor muy experimentado.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

El amor en las novelas de “La Conquista del Espacio” (Segunda parte)

En todas las novelas que he leído de la colección de bolsilibros «La Conquista del Espacio» –más de quinientas cincuenta–, y aunque en un primer momento pase desapercibido a los lectores, el tema del amor es el más trascendental de todos los que se puedan señalar: el sentimiento –o la pasión– del amor que envuelve a los personajes es el verdadero motor de todas las tramas de esas divertidas –y muchas veces profundas– narraciones.

En esta segunda parte de mi pequeño estudio sobre esta cuestión, los pasos nos guiarán sobre las relaciones sentimentales en los relatos de A. Thorkent, Joseph Berna y  Curtis Garland. Sigamos, pues.

En algunas de las narraciones de A. Thorkent los amantes suelen ser, como en Marcus Sidereo, muchas veces jóvenes inexpertos, que les ha tocado vivir en un tiempo o en un lugar complejo, acosados por razas de extraterrestres opresores, por guerras interminables o por sociedades en planetas olvidaos que han retornado a una segunda Edad Media. Su amor viene desde la infancia y sigue siendo inocente. Pero con los atroces golpes de la existencia, ellos irán evolucionando hasta alcanzar un vínculo amoroso menos platónico, más carnal, más humano.  

Pero en otras novelas, los personajes de Thorkent aparecen con unos sentimientos amorosos ya consolidados: son adultos, llenos de responsabilidades sociales, policiales o militares, y el amor entre ellos es una costumbre. La mujer suele llevar la iniciativa en este campo emotivo y es la que escribe el guion de los sucesos de cara a los demás. Pero en la intimidad, los amantes, ya al mismo nivel, se profesan un amor donde sí que concurre lo carnal, pero cohesionado con la ternura y con roces de la casi perdida inocencia y con destellos de algo parecido a la espiritualidad. 

Muy al contrario, Joseph Berna nos ofrece un amor desenfadado, divertido, erótico y hasta lujurioso.

La mujer, cuando desempaña un papel secundario en la trama, es ardiente y provocativa. Siempre –según el año de publicación de la novela– con mínimas vestimentas o con ninguna, incitando al protagonista a realizar el amor con ella, como si todo fuese una quimera descabellada. Y el hombre no desaprovecha la ocasión, claro está, en este caos nada creíble de relaciones sensuales. Todo parece un chiste: aunque un chiste divertido, que es seguro lo que se proponía el autor desde un principio.

Pero cuando la mujer asume el papel de protagonista junto al héroe, ya sus “heroicidades” sexuales se mitigan. La chica es más modosita y sumisa ante el atractivo y mujeriego compañero, y el amor –sin faltar la carnalidad– se somete a las directrices de lo socialmente decente. Y así discurren los argumentos de estas festivas novelas de J. Berna: erotismo, mínimas aventuras, sonrisas y mucha diversión. 

      

Pretensiones muy distintas –yo diría que totalmente opuestas– tiene Curtis Garland en sus obras.

Muchas veces, la pareja (esposa o novia) guarda una doble identidad. Aparentemente la situación amorosa está consolidada por años de relación, pero la verdad es otra, algo terrible y mortal: la mujer, que es amable, cariñosa, sensible y romántica en la vida cotidiana, oculta algo terrorífico en su interior: ella no es ella. Ella en un ser poseído o suplantado, un feroz alienígena encubierto o un androide destructivo. El protagonista ama con toda su alma a su mujer y no adquiere ninguna sospecha hasta que ya es demasiado tarde. Es entonces cuando deberá realizar lo insospechado: destruir al amor de su vida.    

En otras ocasiones, el amor surge entre el viajero estelar y una mujer recóndita, misteriosa, que entra en la vida del héroe de forma imprecisa y extraña: se comunican desde distintos planos del espacio, del tiempo o de los sueños de forma telepática. El amor, en este caso, es como un impulso devastador, como una droga que hará que la vida solo tenga sentido con el encuentro físico.

Y otras veces, el amor es un asidero para la salvación, y aparece en un escenario de abandono, de soledad y de inminente peligro entre dos seres desconocidos. Y es allí cuando el amor resulta ser una fuerza salvadora que redime a los amantes de una maldición que ninguno ha buscado.

Oscuridad, tenebrismo, romanticismo, religiosidad, espiritualidad, salvación… son las características que lanza este gran autor a la temática amorosa en sus narraciones.

Para concluir, aquí van tres novelas –algunas ya comentadas en Universo Bolsilibro– para que los amigos disfruten unas horas de lectura.

Mundos paralelos. A. Thorkent. Nº 364 de LCDE.

La necrópolis del espacio. Joseph Berna. Nº 510 de LCDE. 

Desterrada de las estrellas. Curtis Garland. Nº 38 de LCDE.

  Luis Ángel Lobato

“Han llegado los espectros”, de Ralph Barby

Han llegado los espectros; por Ralph Barby [Àngels Gimeno y/o Rafael Barberán Domínguez]; ilustración de la cubierta, Rafael Cortiella. Barcelona: Bruguera, 1977. Colección: Selección Terror; nº 246.

Género | materia: terror | fantasmas – poderes psíquicos – servidores del Mal.

Una más de las novelas de terror de Ralph Barby protagonizadas por un grupo de amigos un tanto «jipiosos» enfrascados en alguna aventura y que, de pronto, se topan con un hecho anómalo, estructura por la que Àngels Gimeno y/o Rafael Barberán Domínguez debían sentir especial debilidad. En esta ocasión tenemos a tres parejas que se casan y, de inmediato, parten en dirección a una zona rural para instaurar un kibutz, una especie de comuna agrícola que llevan a cabo los israelíes. La novela arranca con un terrible sueño que tiene la protagonista, donde un caballero con armadura la conduce por una campiña hasta situarla en un círculo de invocación y el hidalgo recita un encantamiento maligno. Cuando llegan a su destino, la zona le resulta familiar, y luego una compañera desaparece…

Hay que reconocer que las novelas de terror de Ralph Barby, por lo general, no se enfrascan en entornos manidos, y suelen intentar buscar nuevos motivos temáticos o, al menos, no tan sobrexplotados como es norma. Aquí toca el tema «fantasmal», de cierta convención en la literatura de terror, pero, inexplicablemente, muy poco tratado en el entorno de los bolsilibros. Durante un momento aletea la sospecha de la explicación tipo «Scooby-Doo», pero por suerte esta se evita, aunque por otro lado, algo de eso hay, sin que explique más al detalle en vista de posteriores lectores.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Los chacales de río Kalvik”, de Fidel Prado

Los chacales de río Kalvik; por Fidel Prado (Duque); ilustraciones, autor desconocido. Barcelona: Ameller Editor, [s.a.]. Colección: Alaska; s/n.

Jub Ike es un hombre joven de familia humilde; emprendedor, que ha conseguido estudiar ingeniería y ejercer de director de una mina de oro. A la vez, su vida privada está colmada por el amor de una joven bella y algo manirrota… Hasta que su mujer le abandona y se fuga con otro hombre. Desesperado deja su trabajo y se da a la bebida en los bajos fondos de San Francisco, donde acaba enrolándose, estando borracho, para trabajar en la pesca del salmón en el río Kalvik, en Alaska.

De Fidel Prado Duque (1891-1970) se han proporcionado algunos datos biográficos en las reseñas sobre sus novelas Pórtico del infierno (14/11/2018), Máscara negra (16/12/2020) y Viajeros para el infierno (22/02/2022), que pueden verse en este mismo blog y que recomiendo leer a quienes estén interesados en conocer algunas circunstancias de su particular vida literaria y política.

La edición de Ameller-Editor de este bolsilibro, sin fecha, está realizada en tapa dura, tiene doce capítulos y 192 páginas, extensión mayor de la habitual en este género, lo que permite un desarrollo más amplio de la trama del libro, tanto de los episodios propios del género de aventuras (momentos de acción), como en el sentimental, que en este libro tiene una extensión substancial.

Género de aventuras que podría adscribirse sin problemas al del Oeste, pues los tipos humanos que aparecen, la época en la que se desarrolla (finales del siglo XIX), y la propia estructura del bolsilibro remiten a este último género; cambia el territorio (Alaska), que funciona como última frontera de la expansión de Estados Unidos, con la mitología o leyenda asociada al oeste clásico.

Los chacales de río Kalvik plantea, una vez más, en la temática de Fidel Prado (y de otros autores del género) la lucha por la supervivencia de hombres (y de algunas mujeres) que solo tienen sus manos para trabajar, que lo hacen en condiciones extremas, con salarios bajos y con muchas posibilidades de morir en el empeño. Y también la lucha entre dos grupos: el de los poderosos que avasallan y oprimen a los más débiles y el de estos últimos defendiéndose desde su sentido de la justicia, primero, y finalmente con las armas en la mano (cuando resulta necesario), donde solo cuentan con su valentía y la suerte ante un enemigo superior.

En el caso del bolsilibro que comentamos, el protagonista, Jub Ike, es un héroe caído que necesita otra oportunidad para restablecer su dignidad como persona. Huye a esa pesquería remota en Alaska para tener un sustento, pero también con la esperanza de reiniciar una vida truncada por un desamor de folletín. Puro romanticismo.

La pesca del salmón en el río Kalvik (para hacer conserva con su carne), en la época en que se produce su arribada para el desove, es el escenario natural de la lucha empresarial entre un tal Ridley, que tiene la mayor concesión en el río, y Duke, que tiene una concesión menor. Ridley, en un territorio sin ley, intenta con malas artes y mucha violencia apropiarse de todo el río y expulsar a Duke. Son los chacales del río Kalvik a los que alude el título del libro.

En esta coyuntura es donde “cae” nuestro héroe, Jub Ike, que contratado inicialmente por el cacique villano, cambiará de patrón, yéndose con Duke, al enterarse de la partida a muerte que se juega en el río: “Mi vida es algo que me pertenece por entero…, pero jamás por bajo que haya caído a causa de ella, me venderé a los explotadores que quieren hacer leña del árbol caído” (pág. 32).

Comentábamos en el inicio que la parte sentimental, “rosa”, en este bolsilibro tiene cierto desarrollo: mientras que la femme fatale que ha abandonado a Ike y de paso le ha arruinado monetaria y psicológicamente, es un estereotipo, la mujer que le salvará en un sentido muy amplio, está retratada con cierta extensión: casi única mujer en todo el río Kalvik, ha acompañado a su padre, Duke Akin, por amor filial, pero además participa en el trabajo de la factoría y tiene opiniones propias. No desvelo nada (es de cajón) que esta mujer buena, inteligente y trabajadora, de nombre Martina, será un estimulo más para que Ike asuma un papel principal en la guerra defensiva contra los matones que envía el cacique villano, con la intención de destruir las redes de pesca y la factoría de Duke, su competidor.

Pero no hay que asustarse como lector bolsilibresco: esta novela, como es habitual, es una obra de acción. Los episodios de lucha en el río, autenticas batallas navales, o las peleas entre Ike y algunos de los villanos o sayones al servicio de Ridley, el patrón sin escrúpulos, son numerosas y están excelentemente narradas. Fidel Prado es un gran narrador en la línea de Jules Verne, Jack London o Pío Baroja. Acumula los episodios, es cierto, pero las obligaciones del género editorial no permitían otra cosa.

Se ha subrayado el predominio, a veces, de las partes dialogadas en este autor. Es esta novela hay varias, pero oportunas y equilibradas respecto a los episodios de acción. Aunque Fidel Prado nos presenta a Ike Jub con detalle, desde sus inicios dickensianos, será en los diálogos con Martina, la buena chica, cuando entendamos su drama íntimo y las motivaciones para entregarse a una lucha desigual con los explotadores. Para recuperar su dignidad perdida, y por el nuevo amor, claro está.

El final de la novela es un tanto precipitado, pues debe concluir con el triunfo del bien y cerrar todas las variantes de la trama. Deben perder quienes deben perder en una batalla final, en un nuevo OK Corral eterno, y ganar los buenos. El círculo se cierra completamente para satisfacción de nuestro espíritu de lectores (lo principal), partidarios de la justicia poética, pero también (esto es prescindible) de la censura político/eclesiástica de cierta ominosa época: Ike estaba casado con la mala mujer que le abandonó, la cual debe morir para que Ike pueda volver a casarse con la hermosa e inteligente Martina. Y la mala mujer perece “entre los salmones en su ansia loca de vivir, precisamente porque esa vida estaba a punto de terminar y debía parecerles más bella”. Bella frase y terrible colofón (pág. 176).

Pero es que, para Ike, nuestro héroe, y para Fidel Prado, el autor, “la fantasía está muy por encima de la realidad” (pág. 65). También para algunos lectores, entre los que me incluyo.

Calificación: buena ***

Gonzalo Francoblanco

“El reino de los seres de hielo”, de Joseph Berna

El reino de los seres de hielo; por Joseph Berna [José Bernal García]; ilustración de la cubierta, Agencia Three Lions. Barcelona: Ceres, noviembre 1980. Colección: Héroes del Espacio; nº 31.

  • Género | materia: ciencia ficción | exploración espacial.

Típica novela de Joseph Berna, salpimentada con algo de sexo inofensivo y muy poco excitante y con una trama tan trivial que prácticamente no narra nada. El protagonista, piloto espacial, recibe la visita de un individuo para contratarlo como conductor del vehículo que les lleve a un planeta donde se supone que hay piedras preciosas. Los acompañan dos tipos mal encarados, la novia del que lo contrató y una amiga de esta; las dos, por supuesto, están buenísimas. El planeta tiene una zona meridional muy grata, con una cascada y un lago donde se acumulan las joyas, pero en el norte hay un reino habitado por seres de hielo, que no permiten que se coja nada del lugar. Provistos de trajes climáticos aparecen y dan una advertencia…

El resto de la novela consiste en los esfuerzos del grupo para hacerse con las joyas, mientras han de hacer frente a peligros como hormigas gigantes o dragones, y el temor del regreso de los seres de hielo. No hay nada más. Los personajes son planos y elementales, los enfrentamientos entre ellos triviales. El argumento se va dilatando, según convenga, mientras haya hojas que rellenar. Una obra insignificante, que se olvida tan pronto como se ha terminado de leer.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: *

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Doce estrellas de sangre”, de Clark Carrados

Doce estrellas de sangre; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la cubierta, Jorge Samper. Barcelona: Bruguera, 1971. Colección: Punto Rojo; nº 470.

En Inglaterra, una escritora alquila una casa apartada en un pueblecito aislado, para poder escribir tranquilamente. Pero diversos hechos darán al traste con sus intenciones, cuando diversas personas peligrosas se llegan al caserón con el fin de hacerse con algo valioso que, en apariencia, se encuentra escondido entre sus muros.

Tiempo atrás me hacía eco de algunas de las novelas de terror de Clark Carrados que, en realidad, eran historias policiales con unos pocos elementos macabros. La presente obra podría haber sido una de esas que más adelante ofrecería en «Selección Terror», pero como la colección aún no existía la tenemos inserta en «Punto Rojo». Por lo demás, se trata de una historia terriblemente mal escrita, y no exageraría al decir que es lo peor que he leído de Luis García Lecha, alguien no caracterizado precisamente por sus altas capacidades. En particular las treinta primeras páginas, o así, son un caos absoluto, dominadas por la incoherencia y los diálogos absurdos.

Después, no es que la cosa mejore mucho, pero al menos hay una mayor coherencia en lo redactado y se percibe un rumbo narrativo concreto. Hay momentos ridículos, como las conversaciones casuales que se ponen a soltar malos y buenos a punta de pistola, y todo parece escrito por un chaval de doce años, de lo ingenuo que semeja. Ni siquiera el resultado es divertido, y llegar al final de Doce estrellas de sangre ―lo único bueno es el título― se hace difícil y arduo.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: *

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Ataque a Wiranai”, de Kelltom McIntire

Ataque a Wiranai; por Kelltom McIntire [José León Domínguez Martínez]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Bruguera, agosto 1983. Colección: La conquista del espacio; nº 680.

  • Género | materia: ciencia ficción | mundos alienígenas

No cabe la menor duda de que este Ataque a Wiranai es totalmente atípico dentro del contexto de los bolsilibros. Por lo general, la fuente de inspiración para estas historias suele ser el cine, y en concreto el de ciencia ficción de carácter space opera, de invasiones, exploraciones espaciales, futuros aciagos… En este caso, McIntire se ha inspirado en una novela clásica del género, nada menos que Dune, de Frank Herbert.

Dada la extensión del bolsilibro, por supuesto, no puede recrear a fondo todo un mundo, con sus características sociales, religiosas, ideológicas… Aquí tenemos un planeta cuyos habitantes (da la impresión de que no son terrestres, pese a su condición humanoide) están divididos, más o menos, en clanes. El protagonista es un muchacho, recién salido de la adolescencia, y que acaba de acceder también a la condición de rey de su pueblo. Está rodeado de consejeros y militares, y se le insta para reiniciar una guerra contra un clan enemigo desde hace siglos.

En ese contexto, el joven rey se topará con seguir las recomendaciones, por un lado, de su consejero, y por otro lado, de uno de sus militares. Uno tiende hacia la prudencia, la reflexión y el respeto, el otro hacia la violencia, la barbarie y el odio ciego. El chico, paulatinamente, irá abriéndose a su propia moral, siempre a partir de lo que unos y otros le dicen.

Hay batallas, criaturas extrañas (esas langostas gigantes de la portada), pero sobre todo hay personajes, en especial, como es lógico, el protagonista, que sigue un proceso de maduración a través de lo que una historia entretenida y trepidante cuenta. Muy buena, en definitiva.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ****

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

La saga «Tildrich» de Kelltom McIntire

En variadas ocasiones los escritores de bolsilibros (en particular Ángel Torres Quesada, en relación con su saga sobre El Orden Estelar) han declarado que Editorial Bruguera les prohibía escribir novelas que, de algún modo, estuvieran interconectadas. Bruguera era de la consideración, posiblemente, de que los lectores compraban de forma ocasional alguna novela de determinada colección, sin ser fieles a esta, y que, por tanto, una continuidad les despistaría. Aunque cabe reseñar que las novelas de Torres Quesada podían todas ellas leerse de manera individual sin que se sintiera uno perdido; solo teniendo conocimiento de esa relación la lectura se enriquecía aún más. Además, con anterioridad Bruguera sí forzó en ocasiones esa continuidad, incluso creando colecciones exprofeso, como pudiera ser la cautivante «D.A.N.S.», o la recopilación de las aventuras (incompletas) de Baby de Lou Carrigan; o también sagas introducidas por su cuenta por los autores, como Clark Carrados en las aventuras de La Reina Negra, en «Archivo Secreto», o Silver Kane con Clive Murdock. Sea como fuere, en determinados momentos diversos escritores fueron infieles a la norma, si es que existía, y colaron una saga en medio de una colección.

Ese es el caso de Kelltom McIntire (José León Domínguez Martínez), activo autor de diversidad de géneros, y que aún a día de hoy merece un análisis de su obra más pormenorizado. Entre esos análisis existentes, destaquemos un artículo de Luis Ángel Lobato, en este mismo blog, titulado «Kelltom McIntire: la solidez narrativa en la ciencia ficción», a lo cual podemos añadir un artículo centrado en el autor y su labor en el terreno de la ciencia ficción obra de José Carlos Canalda, y aparecido en la web ngc3660[1], artículo también reproducido en el Sitio de Ciencia-Ficción[2], amén de ocasionales reseñas de sus novelas habidas en este blog y otros. En el referido artículo de Lobato, este resalta «la solidez narrativa, con una prosa límpida y, en consecuencia, sin retoricismos, y la contención de la trama».

McIntire desarrolló lo que hoy día es conocido como «La saga Tildrich», debido al planeta donde tiene lugar la acción en la primera de las novelas del ciclo, Tildrich, base uno, y el cual reaparecerá en otras entregas. Pero es que, además, el protagonista de esa novela es agente del «S.I.P.», es decir, Spacial International Police, siglas que coinciden con una colección de bolsilibros que publicó la Editorial Toray entre 1960 y 1962, con un total de 81 entregas, donde se narran las aventuras de diversos agentes de ese organismo policial y espacial. En aquel entonces, las misiones se centraban en los planetas del Sistema Solar. Pero quince años más tarde el nivel medio cultural, tanto de los autores como de los lectores, había ascendido, y la posibilidad de vida evolucionada en los planetas de nuestro Sol estaba descartada, de ahí que las novelas de McIntire tengan lugar más allá de Plutón, en otras galaxias (aunque hay alguna variante, como esa venusina que aparece en la primera entrega). No cabe duda de que Domínguez Martínez utilizó ese apelativo a modo de homenaje, más que de continuidad.

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Tildrich, Base Uno; ilustración de la cubierta, Antonio Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, octubre 1975. Colección: La Conquista del Espacio; nº 269.

  • Género | materia: ciencia ficción | megalómanos – imperios galácticos.

Kenorak, agente del SIP, es destinado al planeta Tildrich. Se trata de un mundo donde la Tierra dispone de un delegado. Este se ha aliado con dos criminales, regentes de otros cuerpos celestes, y por su cuenta está explotando Tildrich. La misión de Kenorak consiste en matar, sencillamente, al representante terrestre.

Cuando empecé a leer la novela me recordó poderosamente a una de las entregas de A. Thorkent pertenecientes al ciclo del Orden Estelar, Rebeldes en Dangha, aunque con la peculiaridad de que en la novela de Torres Quesada se trata de un criminal despiadado al que los habitantes del lugar desprecian, y hay un movimiento contra él; aquí, sin embargo, tiene encandilados a los aborígenes, que creen que les rige benévolamente, y solo una pequeña facción está en su contra.

Por lo demás, Tildrich, Base Uno adquiere su personalidad propia por diversos elementos. Así, el protagonista, que es definido directamente como un salido que no para de pensar en hembras turgentes, aunque luego sea competente en lo que respecta a su labor profesional. También resulta reseñable el tipismo con el cual son descritos los habitantes del planeta, de color rojizo y con una calva, tanto varones como hembras, aunque ellas, con la coquetería implícita en todo ejemplar femenino, sea del planeta que sea, se peinan el resto del pelo para disimular el torrado. En el planeta también hay terráqueos, procedentes de diversos países, y que son como la hez del planeta madre. En realidad, el ambiente del planeta se asemeja un tanto al de los países africanos dominados como colonias por algún país europeo, simulando cierta benevolencia que en realidad es una explotación.

A lo largo de la trama, el autor se olvida un tanto del talante salidorro del protagonista y lo encauza de un modo más serio, y desenvuelve la trama con interés. Hacia el final la narración se pierde un tanto, pero de todos modos es una buena muestra de la temática de los planetas regidos por dictadorzuelos, y representa un sólido arranque para el inicio de esta saga, pues da la impresión de que eso pretende, al adornar con más precisión que de costumbre el universo en el que todo se desenvuelve.

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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Cementerio volante; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Editorial Bruguera, octubre 1977. Colección: La Conquista del Espacio; nº 375.

  • Género | materia: ciencia ficción | imperios galácticos – planetas inexplorados.

Un bolsilibro algo atípico en lo que a estructura se refiere. Arranca in media res, y después vuelve hacia atrás, narra cómo empezó todo, y luego, al cabo de una cuarta parte prosigue por donde lo dejó. El relato está narrado en primera persona, y el protagonista es un individuo bastante desagradable. Un experimento muy peligroso por parte del autor, dado que corre el riesgo de que el lector no conecte, aunque todo resulta un tanto obvio desde el inicio. Se trata de un ser carente de empatía, y que además es un racista. Cuando conoce a la protagonista femenina, una doctora negra, se siente atraído por ella, aunque siempre había practicado la segregación. Se acuesta con ella y después «si te he visto, no me acuerdo». Ello provoca una enemistad entre ambos que va cada vez a más, hasta acabar en una absurda pelea a golpes, que es como arranca la novela. Ambos viajan en una nave espacial, y la lucha provoca el destrozo de algún instrumento de navegación que hace que se precipiten sobre un planeta inexplorado, habitado por una civilización troglodita.

En lo que respecta a su conexión con la novela anterior, el protagonista es un transportista espacial que lleva un cargamento de medicinas al planeta Tildrich, donde se ha desatado una epidemia, y la mujer está sirviendo a los enfermos. Es curioso que incluso haya una nota a pie de página, señalando la relación con esa novela previa, cuando en apariencia Bruguera vetaba esas conexiones. El desarrollo hace pensar que la acción suceda años después de lo narrado en Tildrich, Base Uno, con un representante legal en el planeta llevando todo con más control, y también se menciona el burdel que tuvo importancia en el desarrollo de la trama de esa primera novela. Después, los protagonistas parten en la nave y esa conexión acaba.

En un momento determinado, hacia los dos tercios de la novela, el autor narra el pasado del protagonista. Se percibe que está efectuado con la intención de rellenar páginas, pero está bien escrito y, lo mejor de todo, aporta un fondo psicológico al personaje. Ya he comentado que todo resulta muy obvio con respecto a este, y que desde el inicio queda evidente el modo en el cual evolucionará. Pero lo hace de una manera lógica y sensata, bien desarrollada.

El resto de la novela es una aventura espacial simpática, muy agradable de leer, con la estancia de los dos náufragos en un planeta hostil donde han de enfrentarse a los peligros y a la sociedad que allí encuentran, y a la que ayudan a evolucionar. Esa parte recuerda un tanto a los bolsilibros de ciencia ficción que se escribían en España más bien hacia los años cincuenta, pero actualizado en tono y estilo.

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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El planeta de los cíclopes rojos; ilustración de la cubierta, Luis Almazán. Barcelona: Editorial Bruguera, octubre 1978. Colección: La Conquista del Espacio; nº 432.

  • Género | materia: ciencia ficción | imperios galácticos – planetas inexplorados – animales en rebeldía.

Una astronave abandona el planeta Tildrich, donde ha estado recogiendo diversas muestras de especies animales y vegetales con el fin de, luego, criarlos y comerciar con ellos en otros mundos. La acción arranca cuando ya han abandonado el planeta —de nuevo hay una nota a pie de página informándonos de la novela iniciadora de la saga—, y ya no hay alusión alguna a ese precedente, salvo la importante participación de algunos de los animales enclaustrados, algunos de los cuales ya se citaban en Tildrich: Base Uno.

Después, un accidente en la nave induce a tener que efectuar un aterrizaje de urgencia, para proceder a reparaciones, en un planeta inexplorado. No del todo, puesto que una anterior expedición regresó a duras penas, con pocos supervivientes, alegando la existencia en el lugar de peligrosos cíclopes rojos devoradores de personas. Por cierto que, cuando aparecen los referidos cíclopes, son descritos con dos ojos.

Como puede comprobarse, la estructura de la narración sigue un poco el curso de la novela previa de la saga, Cementerio volante, con viaje en una nave que debe aterrizar de urgencia en un planeta inexplorado y las aventuras que en él se viven. La diferencia estriba en que, en este caso, la tripulación de la nave es más abundante, y que el motivo de la avería está mejor justificado. Por lo demás, la trama se desarrolla entre las «aventuras» que surgen en el planeta y los ataques periódicos de determinados animales peligrosos que han escapado de las jaulas en que están confinados, junto a una intriga criminal como telón de fondo que irá adquiriendo preponderancia, y cuyo culpable es fácil de adivinar.

Existen ciertas ingenuidades en la elaboración de los personajes, como el hecho de que sus argumentaciones las basen solamente a partir de supersticiones o suposiciones, sin bases reflexivas sólidas, lo cual no es propio de un escritor del sustento de McIntire. Por el contrario, en los capítulos finales, donde el malo se desvela, despliega un duelo verbal entre este y el protagonista con potencia y solidez.

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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Los hematófagos; ilustración de la cubierta, Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, abril 1979. Colección: La Conquista del Espacio; nº 453.

  • Género | materia: ciencia ficción | imperios galácticos – extraterrestres – vampiros espaciales.

Esta novela tiene la peculiaridad de tener una estructura muy similar a otra del mismo autor, El enigma de Yamarai («LCDE», 609), a tal punto que esa, posterior a la presente, podría considerarse una relectura de la presente, con determinados cambios. Así, en ambos casos, la protagonista es la doctora que trabaja en una base espacial, aquí en Marte, allí en la Luna; un extraño misterio acontece en el lugar y se procede a una investigación, con un fenómeno no menos incógnito de fondo, aquí la caída de un extraño meteorito, allí la presencia de una nave de origen alienígena que ocasionalmente aparece en los cielos. Inclusive El enigma de Yamarai podría ambientarse, si se me apura, en el universo «Tildrich», si bien unos cuantos siglos antes.

Por lo demás, tenemos una historia estructurada de manera habitual a lo abordado por McIntire, esto es, con escenas «en diferido» narradas por los personajes. El arranque está interesante, pero llega un momento en que todo resulta cautivante, con un desarrollo de la trama hipnótico, que podría deparar una película de serie B de lo más grata. Aquí tenemos una especie de homúnculos que recuerdan mucho a los gremlins de la posterior película de Joe Dante, solo que con aficiones vampíricas. Deliciosa.

CALIFICACIÓN: ****

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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Fuga en Kil-Edra; ilustración de la cubierta, Antonio Bernal. Barcelona: Editorial Bruguera, marzo 1981. Colección: La Conquista del Espacio; nº 555.

  • Género | materia: ciencia ficción | imperios galácticos – planetas prisión.

Última entrega de la saga, regresamos al planeta Tildrich. Si en una anterior novela teníamos instaurado un gobierno más legítimo, de nuevo tenemos un dictador en el poder, que ha relevado, además, a otro previo. Además, se está construyendo una prisión en una montaña del lugar, lo que indica que debe haber pasado un porrón de años desde lo narrado en el previo bolsilibro.

El protagonista es un alto cargo del SIP, ahora instaurado en el planeta, y que recibe una acusación en falso, de resultas de lo cual es encarcelado y condenado a trabajos forzados en la construcción de esa prisión referida. Las torturas a los presos, las condiciones infrahumanas, es decir, las constantes temáticas de ese subgénero, se acumulan aquí, en una narración interesante, que pese a los tópicos logra captar la atención.

Junto a la recuperación de la SIP y, obvio es, la fauna autóctona del planeta, que en este entrega es ampliada, tenemos aquí una alusión nueva al mito de cíclopes pelirrojos, lo cual difiere de la novela El planeta de los cíclopes rojos, donde estos se hallaban ubicados en otro astro, con lo cual McIntire demuestra tener una cierta debilidad por ese «mito» y gusta de recuperarlo.

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

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Como habrá podido comprobar el lector, a cada novela le he otorgado una calificación, no siendo ninguna de ellas negativa. Y es que cada uno de los bolsilibros, por sí mismo, tiene un buen nivel medio de calidad. Sin embargo, tomados como un todo unificado, es decir, conformando una saga en sí mismos, no ofrecen demasiado interés. El primer volumen da la impresión, acaso errada, de que el autor va a conformar un universo coherente, ofreciendo determinados datos, que luego, novela a novela, se irían aludiendo, ampliando… Sin embargo, da más la sensación de que McIntire buscó más hacer alusiones cómplices para sus seguidores, pero sin la determinación de componer algo homogéneo en sí mismo. Es una lástima.

Carlos Díaz Maroto


[1] https://ngc3660.com/kelltom-mcintire/

[2] https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op00563.htm