En cierta ocasión…

 

55067_104306806301362_283350_oEn cierta ocasión. Un mes de agosto que salió muy mal tiempo, al no tener nada que hacer se me ocurrió recordar a los escritores de a duro, y decidí escribir una novelita al estilo de estos. Ante un cuaderno ―siempre escribo los originales a papel y bolígrafo― comencé a escribirla y tras cinco horas seguidas salió una historia que luego pasé al ordenador. Esta reposó un largo tiempo en el ordenador.

Pasando a otra historia diré que cierto amigo me comentó de un grupo de Facebook dedicado a los bolsilibros del Oeste. Y como siempre me ha gustado el mundo de los bolsilibros, sean del tema que sean, me apunté en ese grupo. Por cierto, se llama «Marcial Lafuente Estefanía. 3000 novelas del Oeste» y sus administradores son Manuel Yáñez y Antonio A. Montoya.

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Una cosa llevó a otra y un día le comenté al administrador de este grupo que tenía una novela del Oeste editada. Hablando de una cosa y de otra me propuso ―¿O fui yo? No recuerdo― editarla en ese grupo de forma gratuita. Corría mediados del 2019.

 De esa forma salió Una vengadora llamada Joe.

Pero ahí no quedó la cosa. Me gustó la experiencia y al administrador también, el cual hizo la maquetación y puso portada a la novela y, sin ser pelota, muy bien.

Con el buen gusto, me vino a la mente otra novela y así lo comente.

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Aceptó la idea y escribí la segunda, luego la tercera y ahora la cuarta. Entre medias se editaron dos relatos felicitando, primeramente el Halloween y luego las navidades.

Por supuesto, en todas hay un guiño a los bolsilibros.

¿Qué plan llevo a la hora de escribir estas novelas del Oeste? Uno muy sencillo. Los números impares el protagonista es una mujer y los pares un hombre.

Y ahora la que publican es un reto, otra vuelta a la tuerca y es debido a una cosa que les ocurrió a Marcial Lafuente Estefanía e hijo. Cuando les llegó una portada y un título y tuvieron que escribir la historia.

En el grupo puse un concurso para elegir un título, varios títulos fueron propuestos y entre todos los del grupo eligieron uno El Zurdo Justiciero, y solo puse un requisito para escribirlo y era que el autor del título iba a aparecer cono un personaje secundario.

Y ahora se edita dicha novela.

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Títulos de las novelas:

  • Una vengadora llamada Joe.
  • Planta coles
  • La marquesa de Vengeur (La dama de la Tromperie)
  • El Zurdo Justiciero

 Y esperando a terminar de pasar al ordenador MLE.

Angueres Rodríguez Sánchez

“Duelo de titanes” de Edward Goodman

Duelo de titanes; por Edward Goodman [Eduardo de Guzmán]; ilustrador de la cubierta: no consta. Madrid: Editorial Rollan, 1958. Colección: Mustang, nº 5.

  • Género: Oeste.

 

DUELO DE TITANES

Eduardo de Guzmán (Villada, Tierra de Campos, Palencia, 1908-1995), utilizó tres seudónimos como autor de bolsilibros: Richard Jackson para las obras policiales con agentes del FBI, Eddie Thorny para las policiales y las del Oeste, y Edward Goodman solo para el género de los westmen. La similitud fonética entre su nombre y su seudónimo es un juego de espejos.

Eduardo de Guzmán fue un “periodista de vocación y temperamento” (según se retrataba él mismo), de ideas libertarias, redactor y director de varios periódicos vinculados a ese movimiento, como Castilla libre. Autor en los años treinta del siglo XX de novelas, biografías y libros de historia. Hasta 1939 con el final de la guerra.

LA EPOPEYA DEL OESTE

“Tras un dilatado periodo de inactividad forzosa” (campos de concentración, condena a muerte, tortura, cárcel…), como comenta irónicamente, y tras ser invalidado para ejercer de periodista o publicar libremente, empezó a escribir en 1948 bolsilibros policiacos y del oeste, y lo hizo hasta 1980. En el género del wéstern escribió 138 títulos, sin contar reediciones o traducciones. Solo en el tardofranquismo consiguió publicar sus libros de testimonios (La muerte de la esperanza, El año de la victoria y Nosotros los asesinos), que considero imprescindibles para conocer el alcance de la represión de la dictadura. También publicó la biografía novelada Aurora de sangre: vida y muerte de Hildegard, adaptada al cine por Fernando Fernán Gómez (Mi hija Hildegard).

Edward Goodman publica (o le publican) Duelo de titanes en 1958. No es casual (nada casual) que la película homónima en España, dirigida por John Sturges (Gunfight at the OK Corral), sea de 1957: la portada del bolsilibro representa a Burt Lancaster y a Kirk Douglas. Eduardo de Guzmán era consciente de que sus bolsilibros en este género pretendían “novelar las películas de Oeste”. No tanto hacer seguidismo o recreación, como intentar, entreteniendo al lector de novela popular, contar la verdadera historia de la “epopeya del Oeste”.

Duelo de titanes, el bolsilibro comentado, no es un trasunto del guion del film, sino un intento muy serio de novelar los hechos reales del duelo en el OK Corral de Tombstone, así como las verdaderas vidas de sus protagonistas: Wyatt Earp, Doc Holliday y Big Nose Kate. Un acercamiento verista, no edulcorado, fiel a lo ocurrido, a la personalidad de los héroes, y a sus vidas poco edificantes aunque muy atractivas.

LA MUERTE DE LA ESPERANZA

Como estamos ante una novela en formato de bolsilibro, y no ante un libro de historia, Goodman imprime desde el primer momento un ritmo trepidante con la presentación de Big Nose Kate y Doc Holliday durante una apuesta sobre si un herido llegará vivo, o no, al amanecer. Tahúres profesionales, pendencieros, con relaciones tormentosas, Big Nose Kate no dudará en quemar un almacén de pieles en Fort Griffin para salvar a Doc Holliday de la acusación de tramposo. En Dodge City coexisten ambos con Wyatt Earp, agente de la ley, y muy expeditivo en sus métodos, que no duda en encarcelar a Kate, golpear contundentemente a sus detenidos (o enriquecerse). Doc y Kate se encontrarán y separarán, pero el alcoholismo, la tisis de Doc, el juego profesional (con trampas) les acarreará peleas y huidas y, en resumen, una relación tan tormentosa que “se huirán” para descansar de ellos mismos.

Los tres personajes vuelven a coincidir en Tombstone, pueblo minero donde el marshall Wyatt Earp y sus hermanos intentarán imponer “su ley” a los caciques locales y sus pistoleros. Es el “mítico” duelo en OK Corral contado por tantas novelas y películas. La historia no acabará bien para los héroes del duelo, pues a la larga tendrán que abandonar Tombstone para salvar sus pellejos ante las maniobras de sus enemigos políticos. Se puede ser rápido con el revólver, pero el poder tiene el brazo más largo y expeditivo. Tampoco el final entre Doc Holliday y Big Nose Kate es romántico, ni la muerte de Doc Holliday: “Increíble y vergonzoso…morir en la cama… y con las botas quitadas”. Un final impecable, propio de un buen narrador.

NOSOTROS LOS ASESINOS

Un bolsiblibro trepidante en su acción narrativa, con personajes bien estudiados, con rasgos psicológicos bien descritos y un final contundente (y desmitificador).

 

Nota: Para conocer más sobre el asunto tratado recomiendo La epopeya el Oeste, Ed. Tesoro, 1963, firmada como Edward Goodman (historia del Oeste de Estados Unidos, del mito de la Frontera y de sus protagonistas), y la tesis doctoral Eduardo de Guzmán: vida y literatura, 2015, de Noelia León Rubio (inédita, accesible en Dialnet).

Gonzalo Francoblanco

“Cuando aúlla el lobo”, de Curtis Garland

Cuando aúlla el lobo; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la portada, Salvador Fabá. Barcelona: Editorial Bruguera, 1975. Colección: Selección Terror; nº 131.

  • Materia: licantropía – circos – gótico.

 

Cuando aulla el lobo

Resultará evidente para el lector habitual de estas páginas que Curtis Garland es nuestro escritor favorito dentro del mundo del bolsilibro. Puede que, tras muchas entregas de este blog, y en el intento de aportar variedad a estas entradas, acabe topándome con algún autor que sea todo un descubrimiento, pero hasta que eso acontezca, el protagonismo en estas páginas será para Don Juan Gallardo Muñoz. Con esta entrada, además, inicio un ciclo aperiódico -intercalaré cosas de otras materias y autores, para variar- en el que comentaré sus novelas dentro de la colección Selección Terror donde toca los distintos mitos clásicos del género, comenzando con esta y el tema de la licantropía.

Aquí, pues, tenemos una historia característica de licántropos, ambientada en la Europa del Este, a finales del XIX -se menciona a Jack el Destripador de pasada- y en una pequeña villa donde va a parar el británico protagonista, un médico que viene a reemplazar al anterior. Al mismo tiempo, en el lugar acontecen asesinatos bajo la luna llena, y también ha llegado allí un circo itinerante. Nada más arrancar, tiene lugar un asesinato, y después nuestro protagonista se irá topando con diversos personajes, que irán componiendo la variada gama de sospechosos, así, el tabernero, un buhonero que sufre epilepsia -sí, como Romasanta-, el sádico dueño del circo, un científico paralítico…

Sin ser desdeñable, no se trata de las mejores obras de Garland, y la identidad de quien comete los crímenes se deduce, amén de cierto elemento respecto a ello, que no precisaré para no destripar el desenvolvimiento de la trama. En todo caso, el mayor problema es uno muy característico de este tipo de publicaciones, como es un final brusco y precipitado: cuatro páginas antes del final el lector aún se encuentra estudiando la galería de sospechosos cuando, de pronto, acontece ese clímax final. Curiosamente, ese obvia falta de espacio que se le presentó al autor propicia que, además, apenas haya desarrollo de trama amorosa: salen unas cuantas féminas, pero no se termina de plantear nada serio entre alguna de ellas y él.

Carlos Díaz Maroto

 

Algunas notas a la narrativa de Ralph Barby (Rafael Barberán Domínguez) en «La conquista del espacio»

Portada

En mis lecturas de las novelas de Ralph Barby en la ya mítica colección «La conquista del espacio» he apreciado una serie de características literarias que se repiten de unas a otras narraciones y crean un estilo muy particular.

Lo que más sorprende es el ritmo narrativo, intenso, continuo y efectivo, con una fuerza visual que nunca decae e incita al lector a continuar enfrascado en las páginas, sin pérdida de interés, hasta concluir el episodio.

De ahí, de esa cualidad visual, se desprende un estilo plenamente cinematográfico. Muchas veces me he sumergido en sus obras como si estuviese en una sala de cine viendo una película. Las imágenes saltan del papel e impactan en la mente de los lectores y los convierten en espectadores de lujo, contemplando las incidencias de unos héroes que se debaten entre la vida y la muerte para salir, al fin, airosos y triunfadores.

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Y estos héroes, los personajes, son, a menudo, policías, militares, investigadores, exploradores y científicos, con una profunda carga de rebeldía recorriendo sus venas y que luchan contra tiranos espaciales, invasores poderosos o civilizaciones totalitarias con gobernantes que masacran a sus pueblos.

Las heroínas, también subversivas e independientes, con una ideología casi feminista, ayudan a los protagonistas a derruir la injusticia y la opresión en la galaxia.

Como es normal y comprensible en este formato literario bastante conciso, nuestros personajes, estando siempre muy bien definidos, no poseen, en general, una amplia carga ni evolución psicológica, y sus rasgos se repiten –también es comprensible– de una a otra novela.

Las temáticas, aunque diversas, casi siempre inciden en los viajes espaciales y las invasiones, pero con un tono de oscuridad y de puro terror, muy alejadas de la típica space opera aventurera y más festiva. Los planetas suelen ser tenebrosos, con un halo de misterio y de extrañeza, con ambientes crepusculares o nocturnos y poblados de seres malignos, tanto humanos como alienígenas.

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Parajes pantanosos plagados de perturbadores monstruos, enormes ruinas posnucleares pobladas por mutantes de pesadilla o fatales vampiros, ciudades tecnológicas dirigidas por opresores alcaides, prisiones deshumanizadas tuteladas por sádicos extraterrestres, continentes congelados, necrópolis recónditas se dan cita en los relatos de Ralph Barby, un escritor de raza que, junto a autores como Curtis Garland ―escribiré sobre él en breve―, A. Thorkent, Clark Carrados, Marcus Sidereo, Joseph Berna o Burton Hare, entre otros, crearon en mí la afición por la lectura, por la literatura en general.

Y, como muestra de la maestría de don Rafael Barberán Domínguez en el género de ciencia ficción, y dentro de la citada colección «La conquista del espacio», destacaré, a modo de recomendación, estos siete memorables títulos.

  • Devorados. LCDE, nº 53.
  • El gran robo sideral. LCDE, nº 216.
  • Invasores invisibles. LCDE, nº 220.
  • El día que no salió el sol. LCDE, nº 245.
  • El acuario. LCDE, nº 248.
  • El maldito y podrido planeta. LCDE, nº 259.
  • Comisario espacial. LCDE, nº 286.

Luis Ángel Lobato

“…Y surgieron de la niebla”, de Ralph Barby

…Y surgieron de la niebla; por Ralph Barby [Rafael Barberán Domínguez y/o Àngels Gimeno]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1973. Colección: Selección Terror; nº 12.

  • Reedición: Barcelona: Ed. Bruguera, 1983. Colección: Selección Terror; nº 535.

 

  • Materias: psycho-killer.

 

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…Y surgieron de la niebla es una de las primeras novelas de la colección «Selección Terror», y eso se nota, pues (salvo excepciones, en uno y otro sentido) más tarde comenzó a languidecer en cierto sentido. Aparte de ello, la excelente portada brinda una ilustración de lo más adecuada y pertinente con el contenido de la narración (compárese con la de la reedición, totalmente anodina, y además con la chica en medio de un páramo que no aparece en la historia, pues toda transcurre en alta mar).

La novela arranca con el hundimiento de un barco, descrito con una gran potencia e intensidad; después, los supervivientes van a la deriva por la mar, hasta topar con un misterioso buque escondido entre la niebla. A partir de entonces, lo que podría considerarse de temática catastrofista se adentra en el terror. Y lo hace de un modo bastante bien calibrado, manteniendo el suspense en todo momento, pues hasta el final no quedará desvelado el intríngulis de todo.

...Y surgieron de la niebla (Ralph Barby)

Así, tenemos a los supervivientes que suben a ese “barco fantasma” y, mientras lo exploran, van cayendo muertos por manos de unos misteriosos marinos que llevan espadón malayo, cráneo sin cabellos y cabeza cubierta por completo de cicatrices.

Uno de los fallos habituales de muchos bolsilibros es que el autor despliega la trama con lentitud, buscando llenar el espacio requerido, y cuando ve que alcanza los momentos finales ha de acelerar la acción porque ha ralentizado en exceso el ritmo, y ha de introducir todo lo que falta de un modo abrupto. Aquí no sucede eso. Barby desarrolla la acción a un ritmo constante, como el del propio barco de su historia, arrastrado por la corriente entre un brumoso banco de niebla. El final incurre en el lugar común del malo explicando pormenorizadamente todo, pero dentro del contexto funciona, y no se hace verborreico.

Una de las mejores novelas de la colección.

CALIFICACIÓN: ****

Carlos Díaz Maroto

“Octopus contra Estrella de Mar”, de Lou Carrigan

“Octopus” contra “Estrella de Mar”; por Lou Carrigan. Barcelona: Editorial Bruguera, 1977. Colección: La Huella nº 133.

  • Reedición: Barcelona: Editorial Bruguera, 1985. Colección: Servicio Secreto nº 1788.

 

  • Género | materias: espionaje – ciencia ficción | megalómanos – avances tecnológicos

 

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Lou Carrigan siempre ha sido amante del género de espionaje, y ahí está su deliciosa saga de Baby para demostrarlo. La excelente colección «La Huella» tiraba mucho de reediciones, aunque se caracterizaba por publicar sofisticadas tramas de espionaje o aventuras internacionales. No todas las novelas fueron escritas por Carrigan -pese a que ello era su primera intención-, ni todas eran reediciones: salvo error, este “Octopus” contra “Estrella de Mar” fue redactado originalmente para «La Huella» en 1977, y después reeditado para «Servicio Secreto» en 1985, cuando la norma era justo al revés -hubo algunas historias procedentes de la colección «Punto Rojo», e incluso del «FBI» de Rollán-.

Esta aventura, por lo demás, participa del tono característico caribeño de las mejores aventuras de James Bond, centrando la acción en Nassau. Los dos primeros capítulos son auténticos tour de force que descolocan al lector, presentando personajes que no son quienes uno cree. La intriga es más o menos realista, dentro de lo posible en tramas de esta índole, si bien disponemos de un megalómano de turno, amén de un elemento ya directamente de ciencia ficción como es un arma de rayos láser disimulada en un pintalabios.

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La narración es una mezcla de acción e ironía que avanza de forma trepidante, protagonizada por un actor de cine galante y encantador, un poco, acaso, a como podría ser Cary Grant en Atrapa un ladrón, pero que bajo esa fachada es en realidad un letal y eficaz agente secreto de la CIA, encubierto en el nombre en clave de “Octopus”. La trama es sencilla y efectiva, y Carrigan se mueve como pez en el agua narrando una historia no especialmente complicada ni particularmente destacada, pero que se deja leer con simpatía. Hubiera sido interesante conocer más aventuras del protagonista, pero, por lo que sé, no volvió. Lástima.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

“El muerto que no murió”, de Clark Carrados

El muerto que no murió; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de portada por Alberto Pujolar. Barcelona: Ed. Bruguera, 1974. Colección: Selección Terror; nº 91.

  • Género | materias: terror | crímenes – Satanás.

 

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En el siglo XVIII, un hombre es acusado de un crimen que no ha cometido. Antes de ser ajusticiado hace un pacto con el diablo, según el cual se vengará sobre los descendientes del auténtico criminal. En la actualidad, el último descendiente del asesino llega al pueblecito donde todo aconteció…

El desarrollo de la presente historia, más que semejar una de terror tan propia de los bolsilibos de la colección, parece más bien una fábula, un tanto al estilo de, pongamos por caso, la película El hombre que vendió su alma (The Devil and Daniel Webster, 1941), de William Dieterle, o los cuentos tradicionales en ese sentido, como “El mugriento hermano del diablo”, característico ejemplar de los hermanos Grimm. Algo que, en cierta manera, no estaría nada mal, desde luego, si, al mismo tiempo, ofreciera el soporte literario correspondiente.

No es el caso, sin embargo. Los efectos de la maldición resultan muy aleatorios, y la descripción de personajes aparece notoriamente infantil. Como es norma en Clark Carrados, las escenas “de terror” están narradas con una total ausencia de intensidad emocional, con lo cual la novela carece de suficiente cuerpo para dejar una huella en el recuerdo. Una floja entrega de la colección, reservada para los muy completistas.

CALIFICACIÓN: *

Carlos Díaz Maroto

 

Luis García Lecha y «Parrish / Carrados»: un caso de doble identidad

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Ya lo he comentado en varias ocasiones aquí, en Universo Bolsilibro, al reseñar diversas obras de este autor: en sus novelas de «La conquista del espacio», el escritor Luis García Lecha utilizaba, dentro de la literatura fantástica, elementos dispares cuando firmaba como Clark Carrados y cuando lo hacía como Glenn Parrish. Y esto se aprecia claramente ―es evidente que nunca se puede generalizar― en bastantes narraciones.

Cuando García Lecha se ocultaba bajo el seudónimo de Clark Carrados, los argumentos de sus historias caían, casi siempre, dentro de la ciencia ficción de tipo policial, de investigación, de suspense, y con componentes de space opera, con la galaxia plagada de mundos habitados casi siempre por humanos. Y el entramado de la historia se componía de elementos racionales, científicos y respetando siempre las leyes astrofísicas: García Lecha nunca cometía fallos al hablar de nociones cosmológicas, como distancias estelares, naturaleza de los astros y de los sistemas solares. Y dilucidaba a la perfección las exploraciones planetarias, cruzando años-luz, con el concepto clásico del hiperespacio. De igual manera, la coherencia, plausible dentro de este tipo de narraciones, se hacía eco en los viajes temporales, temática muy común en nuestro autor, tanto con uno como con otro seudónimo (al igual que la robótica, otro tema que parecía cautivarle).

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Pero cuando García Lecha elegía ser Glenn Parrish, el registro temático ―no técnico—cambiaba a menudo: los argumentos, aunque seguían siendo de ciencia ficción en un principio, variaban sustancialmente cuando los protagonistas aterrizaban en los planetas donde se desarrollarían los incidentes. La racionalidad de la ciencia ficción se cortaba de golpe y ante los personajes principales surgían seres de pesadilla surgidos de la literatura, de la mitología o de la magia. En una frase: la fantasía desalojaba a la ciencia ficción. Centauros sanguinarios, piratas desalmados, gigantes de cuarenta metros de altura, genios irascibles o cómicos encerrados dentro botellas, demonios incompetentes… Entidades, en fin, que dotaban muchas veces de un componente cómico o festivo a la novela.

Lo que sí permanecía común, tanto en Carrados como en Parrish, era el estilo literario: ambientes crepusculares, cargados de suave melancolía; atmósferas llenas de añoranza por la pérdida de la inocencia de los personajes. Y, en contraposición, escenas de inusitada violencia y hasta de sadismo.

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Características esenciales del escritor son el ritmo pausado pero con una acción casi constante, los argumentos muy divertidos y, en ocasiones, brillantes, la verosimilitud y las tramas bien engarzadas, donde pocas veces quedan hilos sueltos.

Pero también los personajes estereotipados, sin evolución psicológica, con bellas jóvenes resueltas pero algo ingenuas y rendidas al protagonista, que siempre es un galán fuerte e inteligente, con todos los atributos masculinos puestos sobre la mesa. Y estos personajes se repiten de una novela a otra, al igual que los contenidos de la materia narrativa.

Sirva este pequeño estudio para incitar al amigo lector a bucear en estos libros de un autor que nunca defraudará en su primordial intención: divertir sin complicaciones.

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Y como simple ejemplo donde se pueden apreciar las diferencias temáticas señaladas entre Carrados y Parrish, citaré dos títulos:

  • Clark Carrados: Peregrinos del tiempo. LCDE, nº 208.
  • Glenn Parrish: Plaza para un planeta. LCDE, nº 11.

 

Luis Ángel Lobato

“La hija del vampiro”, de Silver Kane

La hija del vampiro; por Silver Kane [Francisco González Ledesma]; ilustración de la cubierta, Antonio Bernal. Barcelona: Bruguera, 1968. Colección: Punto Rojo; nº 337.

  • Reedición: La hija del vampiro. Barcelona: Victoria González Torralba, Editor, 2009. Colección: Terror; s/n.

 

  • Género | materia: intriga – terror |psycho-killer.

 

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Francisco González Ledesma, uséase, Silver Kane, es uno de los más reputados autores de bolsilibros debido a la circunstancia de haber sido el que más alto ascendió. González Ledesma nació en 1927, y Silver Kane nació en 1952. Con ese seudónimo, y con otros, publicó cerca de mil bolsilibros. Con su nombre real se presentó en 1984 al premio Planeta con la novela Crónica sentimental en rojo, ganándolo.

Como Silver Kane publicó gran cantidad de novelas del Oeste, pero también fue activo en el género policial, aquel por el cual más tarde lograría prestigio. Y no olvidemos que el número 1 de la colección Selección Terror de Bruguera es una novela escrita por él. Aquí, Ledesma, o mejor dicho, Kane, fusiona el terror con el policial dentro de la peculiar colección «Punto Rojo», que solía alternar, particularmente en su primera etapa, las novelas policíacas con el suspense, el misterio y la intriga. Tenemos aquí las clásicas constantes de la literatura gótica, con muchacha asustadiza (mucho) que, en una terrible noche de tormenta, va a parar a un caserón lóbrego, en el cual nada más abrir la puerta se topa con un cadáver. También circula por allí un forastero misterioso con gabardina, que aparece y desaparece, y todo un equipo de cine, que está rodando una película de terror titulada La hija del vampiro, y que tiene la peculiaridad de que, cuando se retrasa, ha de pagar dinero al productor. Ah, y el policía escéptico ante lo que la muchacha le cuenta. Y un vecino del pueblo cercano salidorro. Y…

En realidad, nada tiene mucha coherencia, y es el clásico ejemplo de bolsilibro escrito de manera precipitada y sin prestar demasiada atención a la trama. De ese modo, son bastantes los instantes en que se narra algo y, pocas páginas después, otra situación contradice a la previa. Algunas carecen de trascendencia, como que la chica aparque el coche en una zona libre de barro y, poco después, se refiere que el vehículo está hundiéndose en el fango. Pero hay otros momentos cruciales, como uno que se refiere al asesino y su método de matar, que un descuido del autor supone un engaño manifiesto a la explicación final.

Es una lástima, porque en cuestión de atmósfera la novela tiene fuerza. Si hicieran una película de ella, el estilo y la estética ideales serían los de Mario Bava y su joya Seis mujeres para el asesino. Pero la trama descuidada, las contradicciones y los tiempos muertos terminan por hacer naufragar una novelita que podría haber deparado una grata diversión.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **

 

“Noche de pesadilla”, de Kelltom McIntire

Noche de pesadilla; de Kelltom McIntire [José León Domínguez Martínez]. Pinto (Madrid): Andina, 1980. Colección: Terror; nº 192.

  • Género | materia: terror – ciencia ficción | gigantismo – científico loco – animales en rebeldía.

 

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Kelltom McIntire es un autor que, en apariencia, no es muy conocido ni valorado. Es, en apariencia, uno más de esos “destajistas” que trabajaron durante la época que le fue propicia a la temática del bolsilibro. Recuerdo en especial sus aportaciones a la colección «La Conquista del Espacio» de Bruguera, donde en muchos casos hacía alarde de un simpático sentido del humor y, también, de una imaginación portentosa para poner nombres a los planetas: Wiranai, Kroozgaar, Yamarai, Re-Apharax, Ikuara-Mahl, Quemiyiseth, Kil-Edra, Takabanba, Shapahoni…

La presente novela es una curiosidad: el planteamiento, diríase, está a mitad de camino entre las películas de ciencia ficción norteamericanas de los años cincuenta y las actuales monster movies de productoras ultrabaratas; y el desarrollo uno diría que semeja propio de una película británica de terror y/o ciencia ficción de los setenta, no tanto por parte de la Hammer, sino de una de inferior nivel industrial, la Planet, por ejemplo.

Tenemos aquí a un agente de la ley, Kent Derrick, que es destacado a un pequeño pueblecito británico, de esos típicos donde siempre llueve y donde puede cometerse un crimen que requiera la presencia de Sherlock Holmes. Esta vez, hay una serie de ataques donde los testigos dicen haber visto extrañas criaturas que no deberían estar en un entorno geográfico como aquel… Ya de por sí, un cocodrilo atacando en los páramos ingleses daría mucho jugo, pero no se trata exactamente de eso… La trama se desarrolla por medio de una investigación policial, conducida con un ritmo pausado pero imparable, y este volumen es uno de los que mejor mantienen el tempo de principio a fin. En un momento determinado se da una situación insólita: la muerte de la madre del protagonista. Este evento nada aporta a la historia central, a priori; se trata de un truco narrativo con el fin de quitar del medio al personaje principal y hacer avanzar la acción de un modo rápido y eludir explicaciones. En todo caso, este truco permite profundizar en un elemento poco tratado en los bolsilibros, y que es el de escarbar en la psicología del personaje. Esta situación, por otro lado, ayuda a hacer avanzar la historia de su peculiar relación amorosa.

A mi juicio, esta Noche de pesadilla sobra un tanto en esta colección de terror, y hubiera estado mejor ubicada en una de ciencia ficción. Tampoco importa demasiado: es un buen ejemplar del género, bien escrita, que mantiene el ritmo y de interés constante, aunque la identidad del responsable se haga evidente nada más aparecer éste, pero tampoco creo que McIntire intentara ofrecerlo como una sorpresa. El resultado es una muestra de calidad, que impulsa a que, en breve, volvamos a ocuparnos de este autor.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ****