Ambientes de terror en la ciencia ficción bolsilibresca

El subgénero de terror, combinado con el de ciencia ficción, en una misma novela, y dentro de la colección «La conquista del espacio», de Bruguera, ha dado inolvidables ejemplos.

Si consideramos que el género de la literatura fantástica comprende los dos subgéneros señalados más el de fantasía, los bolsilibros de la citada colección pocos son los autores ―aunque diversos los ejemplos― que han introducido elementos de fantasía en las narraciones de ciencia ficción. Como excepciones se podrían citar las de los relatos de temática de espada y brujería de Curtis Garland (que en realidad es, en su mayoría, ciencia ficción de índole posnuclear), las de las historias de similar materia de A. Thorhent (que es ciencia ficción de sociedades tecnológicas en decadencia en mundos olvidados) y las de algunas novelas de Clark Carrados/Glenn Parrish donde aparecen seres propios de dicho subgénero, y con carácter casi siempre ligero o cómico, como genios embotellados, centauros inteligentes u otras entidades del ámbito cercano al mitológico.

Mucho más abundante, tanto en autores como en obras, es la presencia, en la ciencia ficción, del elemento terrorífico, que en bastantes de ocasiones se convierte en el verdadero subgénero de la narración. Y son multitud de autores los que inciden en él: Curtis Garland y Marcus Sidereo en especial. Pero también, y en distintos grados, Ralph Barby, Burton Hare, Adam Surray, Kelltom McIntire y A. Thorkent. Incluso en argumentos tan alejados de la temática del miedo en la presente colección como los que suelen utilizar Clark Carrados/Glenn Parrish o Joseph Berna, se aprecian, algunas veces, síntomas por los golpes horripilantes.

El terror aparece en el marco del viaje espacial, con entidades alienígenas que se introducen en la nave o transformaciones hacia la locura de los protagonistas en esa inmensa soledad entre los astros:

Desterrada de las estrellas, de Curtis Garland. Nº 38 de LCDE.

Terror en órbita, de Curtis Garland. Nº 86 de LCDE.

Los dioses lloran sangre, de Curtis Garland. Nº 256 de LCDE.

Con frecuencia, el miedo se desata en mundos posnucleares, a través de mutantes ávidos de venganza o de monstruos de pesadilla:

Alquimia 3000, de Curtis Garland. Nº 56 de LCDE.

El último reducto, de Ralph Barby. Nº 138 de LCDE.

Largo viaje hacia la nada, de Curtis Garland. Nº 201 de LCDE.

Los planetas misteriosos, a los que llegan afligidos astronautas desorientados, con problemas técnicos en sus astronaves o buscando una respuesta a un enigma por resolver, han dejado gran variedad de títulos dignos de mención:

Devorados, de Ralph Barby. Nº 53 de LCDE.

El límite, de Marcus Sidereo. Nº 223 de LCDE.

Cementerio espacial, de Marcus Sidereo. Nº 243 de LCDE.

Fuente de vida y muerte, de Glenn Parrish, Nº 258 de LCDE (solo sencillos trazos macabros).

La maldición de Kaleenx, de Kelltom McIntire. Nº 272 de LCDE.

El planeta de las células, de Marcus Sidereo. Nº 288 de LCDE.

Plasma viviente, de Marcus Sidereo. Nº 328 de LCDE.

Mundo aislado, de A. Thorkent. Nº 352 de LCDE.

El planeta dormido, de Joseph Berna. Nº 533 de LCDE (solo simpáticas pinceladas tenebrosas).

Los viajes en el tiempo, de igual modo, han aportado puntuales pero sentidas muestras de horror dentro de sus tramas, bien a causa de procesos psicológicos de los mismos viajeros, bien por el encuentro con una realidad inesperada y mortífera:

Detective en el tiempo, de Curtis Garland. Nº 221 de LCDE.

Viaje a un extraño infinito, de Burton Hare. Nº 224 de LCDE.

Visitantes del futuro, de Adam Surray. Nº 299 de LCDE.

Las invasiones alienígenas, con entidades de apariencia sobrecogedora, y con poderes paranormales, que esclavizan a los humanos o se apropian de sus cuerpos, dan algunos pliegues de componentes de pavor:

Hombres de goma, de Adam Surray. Nº 212 de LCDE.

Los últimos días de la Tierra, de A. Thorkent. Nº 277 de LCDE.

Después de la invasión, de Marcus Sidereo. Nº 235 de LCDE.

Y –cómo no– las asépticas ciudades futuras, plagada de luces multicolores, de intrincados niveles de circulación y de densa soledad. Y gobernadas por despiadados extraterrestres, por líderes tiránicos o por estados totalitarios que persiguen, implacables, a los protagonistas.

La metrópolis, de Curtis Garland. Nº 103 de LCDE.

Muñecas mecánicas, de Curtis Garland. Nº 242 de LCDE.

Ciudad Omega, de Curtis Garland. Nº 340 de LCDE.

Sirvan estas breves notas y estos mínimos ejemplos, varios de ellos ya comentado individualmente, y con más profundidad, en este Universo Bolsilibro, para subrayar la importancia del terror dentro de la ciencia ficción bolsilibresca. Y para dar un pequeño empuje a la lectura de estas admirables narraciones a los amigos lectores.

Luis Ángel Lobato

“El canje”, de Ralph Barby

El canje; por Ralph Barby [Àngels Gimeno y/o Rafael Barberán Domínguez]; ilustración de cubierta, Manuel Brea. Barcelona: Bruguera, 1970. Colección: La conquista del espacio; nº 12.

Reedición: Ilustración de cubierta, Antonio Bernal. Barcelona: Bruguera, 1983. Colección: La conquista del espacio; nº 664.

Género | materia: ciencia ficción | invasiones alienígenas.

 

Al igual que la pareja formada por los escritores norteamericanos Henry Kuttner y Catherine L. Moore, aquí en España Àngels Gimeno y Rafael Barberán Domínguez, desde hace muchos años, han creado una colaboración profesional, donde ambos, a partir del seudónimo de Ralph Barby, escriben bolsilibros en los cuales los dos colaboran en proporciones variadas, así una novela es de él, otra de ella, y otras están escritas por ambos, también en cantidad y extensión variable. De todas maneras, han creado un equipo indisoluble donde cada uno de ellos, al transmutarse en Ralph Barby, deriva en una entidad independiente, diríase. Aunque, ciertamente, sería interesante estar con una lista de toda su bibliografía y, frente a ambos, ir preguntando uno a uno quién fue el máximo responsable de uno u otro título, aunque sospecho que ni ellos mismos se acuerdan.

Ralph Barby comenzó publicando novelas del Oeste en 1964 —en la muy desconocida Editorial Torroba, dentro de las colecciones «Desafío» y «Whisky»—. Desde entonces, ha ido sumándose a los diferentes géneros que ha desarrollado el mundo del bolsilibro, así, aparte del wéstern, bélico, policial, terror y ciencia ficción. El canje es una de sus primeras novelas de ciencia ficción dentro de la colección «La conquista del espacio»; en concreto, la tercera (nº 12), después de Supervivencia (3) y Planeta rebelde (6). Como era norma en Bruguera, este ejemplar fue de nuevo reeditado mucho después, en 1983, número 664, cuando faltaban menos de cien para finalizar la colección y recurrían de forma constante a las reediciones de obras de la propia colección. Añadamos, ya que estamos, que la última aportación de Barby en la colección fue en el número 744 con Guerrillero del espacio, que ya había aparecido también en el número 149 (1973).

Tras el sobrio título de El canje nos encontramos con una clásica narración de invasiones extraterrestres. La protagonista femenina es una lingüista rusa, que es requerida para intentar establecer un diálogo con los alienígenas, detalle que nos hace pensar por unos instantes en la película La llegada (Arrival, Denis Villeneuve, 2016) —y también en la novela corta de la que parte, “La historia de tu vida” (“Story of Your Life”, 1988) de Ted Chiang—. También se da el curioso hecho de que los extraterrestres son vulnerables al agua, tal como en el film Señales (Signs, M. Night Shyamalan, 2002). Son simpáticas casualidades, y en especial el primer elemento de los citados no va más allá de una leve remembranza.

De todas maneras, y dejando a un lado un tanto las ingenuidades de planteamiento, que podrían recordar a algunas propuestas fílmicas norteamericanas de los cincuenta del pasado siglo, y determinados elementos que hoy día podrían considerarse políticamente incorrectos, el caso es que se trata de una novela planteada con seriedad —pese a ciertos elementos algo frívolos, como lo del concurso de belleza de mises, la fiesta con la que arranca la novela o el burdo coqueteo del protagonista masculino con la fémina del grupo, que es un astronauta que ejercerá cierta labor detectivesca a lo largo de la narración—. Y el resultado es bastante sólido e interesante, y deja constancia del compacto nivel detentando, por lo general, por Ralph Barby en la novelística de ciencia ficción. Sea quien fuere quien escribiera la presente novela.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***½

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Muro de fuego” de Alv Cortroa

Muro de fuego; por Alv Cortroa [Álvaro Cortés Roa]. Madrid: Editorial Rollán, 1960. Colección: Mustang; nº 71.

Nye Porter, vaquero errante, es sorprendido mientras duerme, levantado por varios brazos anónimos, y colgado de una soga… Lo salva in extremis Dixie Linden, otro cowboy que pasa por allí casual y muy oportunamente.

Lo sabemos en seguida: a quien esa cuadrilla de facinerosos esperaba y quería linchar era a este último, a Dixie. De alguna manera se han enterado de su viaje, que tiene por causa una carta en demanda de auxilio de Santee, propietario de un rancho. Santee es acosado por un cacique local que ha sido bandido, contrabandista, cuatrero y ahora se ha hecho terrateniente usando la usura y la extorsión. Y también la violencia. El viejo Santee (que fue amigo del padre de Dixie Linden), ha pedido al hijo de su amigo que acuda en su ayuda con sus pistolas.

Así que Dixie Linden y su nuevo compañero agradecido, Nye Porter (que luce un buena cicatriz en la garganta), llegan al rancho de Santee y se ponen en antecedentes… El inicio no ha podido ser más directo, brutal e intrigante…

Alv Cortroa es el seudónimo de Álvaro Cortés Roa, del que ya se han proporcionado en este blog datos biográficos. Nacido en 1919, con diecisiete años (1936) participa como voluntario en la defensa del frente del Guadarrama, y luego en la defensa de Madrid, en Usera, contra el ejército sublevado. En 1989 publica su libro de memorias Tanquista desde mi tronera (Ediciones O.S.A.), en el que narra sus recuerdos sobre la guerra, tanto de hechos vividos por él como por camaradas y amigos. Todos los relatos contenidos en el libro lo son sobre sucesos reales, sobre eso soldados, todos muy jóvenes, que arriesgaban sus vidas, con sus miedos, miserias y también alegrías, “pero que sabían pelear, y supieron morir… en defensa de sus ideales”.

Es un libro (difícil de encontrar) que recomiendo. Me produce admiración su capacidad para contar estos relatos sobre hechos de la guerra, desde la perspectiva del soldado, de alguien que los ha vivido y sabe cómo es esa vida al filo siempre de la muerte, sin idealizarlos. Estoy seguro de que la experiencia como narrador de bolsilibros de Álvaro Cortés Roa se halla en estas memorias contadas de forma tan ágil, tan plena de detalles escalofriantes.

Alv Cortroa escribió más cien novelas del Oeste, sobre el F.B.I., o de aventuras. De lo que “no se arrepiente”. Conoció la guerra, los consejos de guerra, la cárcel (veinte años y un día), y la prohibición de poder publicar otros tipos de obras con su nombre. “Una experiencia amarga como acíbar…, y sin embargo, si hubiera que volver a empezar…”

Pero continuemos: el rancho tiene cortinas en la ventana, lo que hace suponer a los dos jóvenes que hay una mujer en la casa. Y así es: Brenda Santee, la joven, bella y brava hija de Michel Santee, que no duda en empuñar un Winchester.

Alv Cortroa caracteriza a sus dos personajes principales (Dixie y Nye) como “honrados, valientes, y leales”. Brenda Santee intentará besar la mano de Dixie, cuando este promete quedarse e intentar enfrentarse al cacique, Adelino Logan. Logan es retratado así: “el más poderoso, si es un canalla, deja caer todo el peso de su poder sobre el más débil”. Así es Logan, un individuo sin escrúpulos, que con sus sayones está expulsando a todos los rancheros del valle, y no duda en matarlos si oponen resistencia.

El contacto entre los dos jóvenes vaqueros y los secuaces de Logan se produce en seguida. Las pistolas empiezan a ladrar. Nye Porter las exhibe en una cerca. Dixie Linden lo hará de forma más humillante para el cacique: como el viejo Santee está herido de bala en una pierna, Dixie va al pueblo en busca del médico. Este tiene prohibido socorrer a aquellos que no autoriza el cacique. Así que Dixie se presenta en el ayuntamiento (City Hall) y tiene “unas palabras” con Logan, también jefe del pueblo, que acaban en un puñetazo en el estómago del cacique, a la vez que desarma a sus tres sicarios.

Esta humillación tendrá como consecuencia una venganza y el asesinato a sangre fría del buen “doc”. Es un capitulo soberbio: el regreso del médico en su carricoche, una vez practicada la cura a Santee, la espera de los criminales, una charla intimidante y un asesinato cruel sobre un hombre desarmado y entregado a su oficio.

Los capítulos siguientes son la narración de una guerra de tierra quemada. Los dos jóvenes vaqueros ejecutan razzias, dispersando el ganado del cacique, a lo que este responde con el incendio del rancho de Santee, que se refugia en la choza abandonada (“la del español”) de un pastor vasco. Estos capítulos narran con agilidad los hechos, aumentando la tensión narrativa y la sensación de que “no hay salida”, como no sea el exterminio de una parte sobre la otra. Se suceden los golpes de mano, asaltos a las propiedades del cacique, “batallas” en las de los dos vaqueros salen bien parados… Al menos, de momento.

El estilo de Alv Cortroa es directo. Escribe párrafos cortos con pocas frases. En ellos condensa su fuerza narrativa. Así va acumulando sus piezas hacia ese enfrentamiento final donde una u otra parte ganará o perderá, y en consecuencia sus vidas y haciendas. El final es por tanto un duelo entre Logan, el cacique, y Santee, los dos únicos que pueden resolver el pleito de forma definitiva, con el exterminio de los facinerosos o de los justos. Los dos jóvenes vaqueros han contribuido a este hecho, a esta conclusión, pero el duelo final a vida o muerte es cosa entre el cacique y del ranchero, cara a cara.

Los dos jóvenes generosos y desinteresados que han acudido en ayuda del ranchero contra un cacique implacable, para “desfacer” un entuerto al estilo más quijotesco, o el propio ranchero que ha defendido sus derechos, su forma de sustento, han arriesgado sus vidas en nombre también de unos ideales: la justicia y la libertad contra el poderoso.

Palabra de Alv Cortroa (Álvaro Cortés Roa).

Un bolsilibro de calidad. Entretenido, bien contado y con unos ideales bien claros.

Calificación ***

 

Gonzalo Francoblanco

“Paraíso asesino”, de Neil Abner

Paraíso asesino; por Neil Abner [Francisco Pérez Navarro]; ilustración de cubierta, Segrelles. Barcelona: Forum, dic. 1984. Colección: Galaxia 2000; nº 5.

Género | materia: ciencia ficción | mundos inhóspitos

Pese a que ya en esta época el mundo del bolsilibro no estaba en su mejor momento, Ediciones Fórum, que por aquel entonces se hallaba muy vigorosa y publicaba de todo un poco, decidió crear una serie de colecciones de novelas de a duro cubriendo los distintos géneros. Dentro de la ciencia ficción creó esta «Galaxia 2000» —no confundir con «Galaxia 2001», publicada por editorial Andina entre 1975 y 1985, con un total de 376 números—. Esta «Galaxia 2000» constó de solo 33 números y apareció entre octubre de 1984 y julio de 1985 y, en principio, tiró de autores ya reconocidos en la materia, en particular los apreciados Ángel Torres Quesada y Juan Gallardo Muñoz, que en su fertilidad en la colección alternaron seudónimos. Y también tuvimos a este peculiar Neil Abner, seudónimo bajo el cual se encuentra Francisco Pérez Navarro[1], un profesional bastante polifacético. Así, podemos distinguir diversas etapas en su carrera, comenzando como escritor para cuentos infantiles; también tenemos una amplia colaboración como guionista de cómics, así en los clásicos de Bruguera Mortadelo y Filemón y El botones Sacarino, y en otro ámbito El capitán Pantera, y en particular en la mítica colección Superlópez, donde es el creador de algunas de sus más felices aventuras (y desventuras), y más adelante otras series, como Odiseo, Total Hero o Cleopatra, reina de Egipto. Durante los últimos años trabaja como traductor para importantes editoriales, y en una etapa estuvo al frente de la Editorial Dolmen.

Y, claro, tuvo también una pequeñita fase como escritor de bolsilibros. Aparte de las célebres aventuras de Indiana James, y cuya autoría sería interesante desvelar número a número, con el seudónimo de Neil Abner, si no me equivoco, en la presente colección publicó dos novelitas más, Luna de sangre (nº 11) y Por amor al oro (25). Y luego también participó en una peculiar colección, de la editorial Ceres, titulada «Libracos Ceres», caracterizados por una mayor extensión (alrededor de 140 páginas), y para la cual escribió Uno contra todos, todos contra uno (6), El acosado colegial (11), Una noche en la Casa Blanca (18) y Mónaco, Grand Prix… ¡muerte! (34).

La presenta novela puede ser considerada con facilidad una “aventurita” sin más, sin embargo, pese a la sencillez de su planteamiento, se percibe en ella el oficio de su autor, la capacidad para crear una trama efectiva, unos personajes interesantes y un estilo literario que, por supuesto, no busca estar al nivel de un Dostoevskiï, pero que maneja con habilidad el texto sin incurrir en errores escandalosos, más allá de los habituales latiguillos que parecen padecer los autores de bolsilibros, pero que tampoco cae en la simpleza expositiva de algunos de ellos, bastante bien considerados, por lo demás.

El protagonista, insólitamente, no es un astronauta, ni un escritor, ni un detective o un policía. En este caso se trata nada menos que un millonario, que en un planeta adquirido de su propiedad levanta una casa inmensa, donde da una fiesta. En un momento dado, mientras está en el jardín haciendo ciertas cosas con una señorita, el palacio estalla, aunque ya la mayoría de los invitados se habían marchado, y sobrevive un pequeño grupo que ha de atravesar el planeta en busca de la zona de lanzamiento donde el héroe tiene una nave de escape situada. Él había creado el planeta para convertirlo en un vergel, un paraíso, pero en su lugar se encuentran con terribles peligros en su viaje, entre los que se encuentran unos gusanos gigantes procedentes del planeta Harraquis…

En suma, una novela sencilla pero efectiva, muy entretenida, y que no chirría en momento alguno, muy recomendable para pasar una tarde de solaz.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] También ha utilizado, en otros ámbitos, los seudónimos de FP, Efepé, El Pérez…

“Las brujas deben arder”, de Clark Carrados

Las brujas deben arder; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la portada, Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, diciembre 1978. Colección: Selección Terror; nº 301.

Género | materia: intriga – policial | brujería

Como es norma en Luis García Lecha, o Clark Carrados, dentro de esta colección, emplea una trama de carácter policial para desarrollar su historia. El único elemento de terror que utiliza, por llamarlo así, es el que a la protagonista algunos habitantes del pueblo la tratan de bruja, e intentarán quemarla. Nada más. Así pues, tenemos a un protagonista que llega al pueblo; en teoría, se trata de un vagabundo que va de un lado para otro, pero muy pronto nos enteramos de que es un policía que pretende investigar algo en el lugar. Al mismo tiempo, se dan esas acusaciones referidas, y una serie de extrañas muertes cuyas víctimas son mujeres jóvenes y guapas.

Hay que reconocer que el resultado es medianamente entretenido y se lee con cierto agrado, aunque en verdad no ofrece gran cosa aparte de la fórmula mil veces utilizada por el autor. Al menos, aquí no emplea el habitual recurso de sus novelas de terror de hacer que en la mansión donde se desarrolla haya oculto un tesoro, aunque por un instante la sospecha de ello aletea sobre el lector, debido a que un habitante del pueblo tiene una extraña obsesión con hacerse con la vivienda.

De todas maneras, una vez has leído seis u ocho novelas de Carrados en «Selección Terror», la rutina si instala pronto en la memoria del lector y todo sabe a archisabido, por lo cual se lee todo con cierto desinterés. Prescindible.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: *⅟₂

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Robotismo”, de Clark Carrados

Robotismo; por Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la portada: Jorge Núñez. Barcelona: Editorial Bruguera, marzo 1976. Colección: La Conquista del Espacio; nº 293.

  • Género | materia: ciencia ficción | androides – longevidad – control humano – viajes espaciales – investigación.

Todo comienza en el siglo XXIV, cuando Justyn Witt acude, aburrido, a una conferencia sobre la “doctrina robiónica”. Al terminar el acto, y ante la sorpresa de los asistentes, el conferenciante, el profesor Rachid, manipula su brazo y bajo su piel, en lugar de carne, destellan lucecitas entre cables y tubos. Diez años después de ese suceso, Justyn Witt traba amistad con la bella y rica heredera Evalee Duncan, quien, sincerándose con él, y tras defenderla durante un intento de secuestro, le confiese que su padre ha desaparecido. Y nuestro protagonista decide averiguar su paradero.

La temática del robotismo o de los androides ha dado ilustres ejemplos en las novelas de la colección «La conquista del espacio», bien desde un trasfondo policial, bien del de terror o bien del de carácter bélico. Baste citar unos títulos -—los primeros que acuden a mi recuerdo— como Muñecas mecánicas, obra maestra de Curtis Garland, Crónicas galácticas, también de Curtis Garland, El planeta de las células, de Marcus Sidereo, Las muñecas robiónicas, de Ralph Barby o Comisario espacial, del mismo Ralph Barby. Pero es, sin duda, Clark Carrados (o Glenn Parrish) el autor que más empeño ha puesto en desplegar, en numerosas narraciones, casi siempre con envoltura policiaca, esta materia sobre los seres artificiales. El hombre y su robot, Mercado de “hubots”, Robots prohibidos o ¡Abajo los robots! son solo una mínima muestra de relatos de ciencia ficción del escritor que nos ocupamos donde la presencia de los robots tiene capital trascendencia. Entre sus novelas de esta variedad, en mi opinión, Robotismo adquiere bastante singularidad: por su tono de suave melancolía, por el adecuado ritmo narrativo y por una trama bastante conseguida.

Los personajes —estereotipos sin evolución psicológica, como es habitual en Carrados— se mueven en dos espacios narrativos: el planeta Tierra y el satélite Titán, de Saturno. En la Tierra comienzan las investigaciones para esclarecer el paradero del potentado padre de la protagonista. Poco a poco, los dos héroes y sus colaboradores, entro los que hemos de mencionar al perro “Wolfie”, van descubriendo que un terrorífico proyecto para el control mental de las personas se está fraguando a amplia escala. A través del engaño, de las falsas promesas de una vida casi eterna, los humanos van siendo robotizados totalmente para seguir ocupando, ya bajo las órdenes de los ambiciosos conspiradores, sus altos cargos políticos y financieros.

En toda esta primera parte de la novela es el género policial el que marca las pautas de la trama; una trama que, aunque sostenida, viene llena de incidentes muy animosos, desarrollándose tanto en escenarios urbanos como campestres.

En la segunda parte, en el satélite Titán, tras el correspondiente viaje espacial como polizones en la nave Atlantic, son los elementos de ciencia ficción, sin ningún error en los datos astronómicos, los que priman. Los acontecimientos se tornan más oscuros, más serios y angustiosos. Los dos héroes llegan a las edificaciones cubiertas con cúpulas acristaladas del Life Hotel, donde saben que se alojó Clark Webster Duncan, el padre de Evalee Duncan. Y allí, tras distintos altercados y la voladura de una enorme cúpula protectora, es donde constatan la temible realidad sobre los seres robotizados y el ya previsto asesinato de C. W. Duncan.

El ambiente narrativo en Titán, incluyendo la acción aventurera, es de honda melancolía y de turbio desasosiego, aflorando los tintes crepusculares y nocturnos, externos como psicológicos, tan del gusto de nuestro escritor. Sin duda, estos momentos del relato son los más interesantes de toda la historia.

Y ya, como epílogo, de nuevo en la Tierra, Justyn Witt y Evalee Duncan logran abatir al malvado androide profesor Rachid Tsur y salvar a la Humanidad de su seguro exterminio. Y todo concluye en esta agradable composición, con todas las características literarias de Luis García Lecha, como era de esperar, en feliz futuro matrimonio.

Una valiosa lectura para pasar la tarde y parte de la noche.

En mi calificación del 1 al 5 la puntúo con un 3.

Luis Ángel Lobato

“¡…y Nueva York fue destruida!”, de Curtis Garland

¡…y Nueva York fue destruida!; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]. Barcelona: Bruguera, 1973. Colección: Servicio Secreto; nº 1182.

Género | materia: espionaje – ciencia ficción | megalómanos – humanos mutados

Durante la época de esta novela, y dentro de la colección «Servicio Secreto», Curtis Garland o, lo que es lo mismo, Juan Gallardo Muñoz, publicó una serie de obras de peculiares características. A primera vista, podrían parecer imitaciones de las películas de la saga James Bond que venían proyectándose en todo el mundo desde su inicio con Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No, Terence Young, 1962), donde confluían megalómanos que deseaban hacerse con el control del mundo, y disponían de diversos y variados ingenios paracientíficos, como rayos mortales, fórmulas secretas y demás. Pero, en realidad, en lugar de inspirarse en esa corriente de películas era influido por otro grupo de filmes que surgieron a rebufo de las originales aventuras de la creación de Ian Fleming, en concreto la corriente de cine llamado de euroespías, cintas de producción europea, donde en su mayoría el país más habitual era Italia, acompañado en ocasiones por España, Francia y/o Alemania.

Sin ánimo de exhaustividad, y solo con ánimo informativo, citemos títulos como Marc Mato, agente S 077 / S 077, spionaggio a Tangeri (Gregg C. Tallas, 1965), Operación Mogador / Password: Uccidete agente Gordon (Sergio Grieco, 1966), Los espías matan en silencio / Le spie uccidono in silenzio (Mario Caiano, 1966), Dick Smart 2.007 [tv/vd: Dick Smart 2.007, Franco Prosperi, 1967], Con la muerte a la espalda / Con la morte alle spale / Typhon sur Hambourg (Alfonso Balcázar, 1967) o Nido de espías / Il raggio infernale (Gianfranco Baldanello, 1967)[1]. En estas películas, los elementos referidos, es decir, los ingenios tecnológicos y los megalómanos desquiciados —tan inspirados en el cine bondiano como en el mundo del cómic o la literatura pulp, con Fu-Manchú a la cabeza— eran aún más abundantes, más desquiciados. Es en esas cintas en las que este grupo de novelas de Gallardo se miran.

¡…y Nueva York fue destruida! es uno de esos bolsilibros, donde se nos presenta a una maníaca con ansias de poder mundial, que secuestra al socorrido científico, y amenaza con reducir Nueva York a escombros con un terremoto inducido si no se le paga una cifra millonaria. Para pagar el rescate acuden al lugar un agente especial de una organización supersecreta, un ladrón de guante blanco y la hija del científico, con quien hasta entonces se llevaba mal. Hay un elemento, también, hacia el final, de índole mucho más fantástica aún, pero que no desvelaremos, desde luego.

El estilo de Donald Curtis Garland es de sobra conocido por el lector, y aquí hace uso de él en abundancia. Diálogos y descripciones profusas, un trabajo estilístico superior a la media, pese a la abundancia de ciertos defectos inherentes a casi todos los autores de bolsilibros (abuso de los posesivos, separación por medio de coma del sujeto y predicado, saturación de adverbios terminados en “mente”…), y una trama divertida, chispeante, y con alguna sorpresa bien urdida. Todo ello compone esta novela que merece la pena leer para pasar con agrado una lluviosa tarde.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] De todas estas películas el lector puede encontrar sendas reseñas en el imprescindible blog La abadía de Berzano (https://cerebrin.wordpress.com/).

“En una noche de estrellas”, de Lou Carrigan

En una noche de estrellas; por Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez]. Pinto, Madrid: Rollán, 1972. Colección: Oeste; nº 590.

Reediciones:

  • Barcelona: Bruguera, septiembre 1977. Colección: Búfalo. Serie azul; nº 282.
  • Como En noche de estrellas. Barcelona: Bruguera, enero 1984. Colección: Búfalo. Serie roja; nº 1577.
  • Como En noche de estrellas. Barcelona: Ediciones B, 2002. Colección: Leyendas del Oeste; nº 29.

 

Lou Carrigan es un escritor de bolsilibros, como todos, irregular, según sea el momento, y hay géneros que se le dan mejor y otros peor, aunque tiene un nivel medio tirando a alto. Así, no cabe la menor duda de que la temática fantástica no le va mucho, y sus novelas de terror (fantástico) y ciencia ficción se encuentran entre las peores —lo que no evita a que una de sus mejores novelas, Noches de amor eterno, figure en la colección «Selección Terror», aunque se trata de terror realista, y con mucho de thriller—. Por el contrario, se encuentra más a gusto en temáticas realistas, así el wéstern o, sobre todo, el criminal dentro de sus muchas variantes: policíaco, suspense, espionaje… En todo caso, estando muy bien valorado dentro del género criminal, sus novelas del Oeste, sin ser despreciadas, suelen quedar siempre en un segundo ámbito. Y sin embargo, la mayoría de las que he leído suyas me parecen estupendas.

Y la presente En una noche de estrellas —también conocida como En noche de estrellas— es extraordinaria. A priori, la trama podría parecer una mezcolanza de un lote de películas antiguas de la temática. Así, arranca como Río Lobo (Rio Lobo, Howard Hawks, 1970), luego sigue como Del infierno a Texas (From Hell to Texas, Henry Hathaway, 1958), incorpora algunos elementos de Solo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnemann, 1952) —incluso aparece un sheriff que se llama Kramer, igual que el productor de esta película, Stanley Kramer— y más o menos finaliza como La diligencia (Stagecoach, John Ford, 1939). Solo que, por supuesto, el resultado es mucho más que la suma de las partes.

El protagonista es un tanto atípico dentro de la novelística westerniana de Carrigan, esto es, un sheriff perfectamente aclimatado al ambiente de la ciudad en la que habita, si bien, ya es un rasgo más característico de él, se trata de un hombre algo seco, rudo y un poco incognoscible. A la población llegan tres individuos malencarados y se divierten matando al borrachín del pueblo. El sheriff abate a dos de ellos y detiene al tercero, que resulta ser hijo del jefe de una banda. Cuando el representante de la ley decida trasladar al detenido a otra población para juzgarlo allí se enfrenta con un camino, por supuesto, donde el peligro acecha en cualquier momento.

Lo realmente extraordinario de la novela no es la trama, aunque ciertamente es interesante, sino el modo en que la articula y vincula los personajes en ella implicados. La relación entre el sheriff y su detenido a veces puede recordar a los wésterns de Budd Boetticher con Randolph Scott, en la dinámica de diálogos que entre ellos se establece, y las dos mujeres que aparecen en la historia ofrecen un interés extraordinario. Los malos, por lo demás, aparecen como una especie de peligro abstracto que se cierne en el camino, y les otorga un trasfondo casi mítico, con la ambigüedad de si serán ellos o no los que provocan los aullidos de coyotes que resuenan en la noche, y esos fuegos que les bombardearán para convertir al protagonista en un blanco fácil.

Otro elemento habitual en Carrigan es arrancar con parte del final, estructurar toda la narración a modo de flashback, y luego ligar de nuevo por donde lo había dejado al inicio, creando una reacción de causa-efecto de lo más sugestivo. En suma, una de las grandes novelas de Carrigan, que ya es decir, y muy recomendable para los amantes del wéstern.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: *****

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Los muertos recuerdan mi nombre”, de Silver Kane

Los muertos recuerdan mi nombre; por Silver Kane [Francisco González Ledesma]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Bruguera, octubre 1973. Colección: Selección terror; nº 32.

Género | materia: policial – terror – ciencia ficción | crímenes – psycho-killer – experimentos.

Lo mejor de este bolsilibro es su título, que, por otra parte, podría valer tanto para una novela del presente género, como una policial o del Oeste. Por lo demás, se trata, como es norma en Silver Kane, de una intriga criminal empotrada dentro del género de terror, para el cual no se busca mínimamente la creación de una atmósfera, ni mucho menos. Queda evidente que, de entre todos los géneros populares que tocó González Ledesma en su recorrido del mundo de la novela de a duro, el terror fue el que menos le interesó, y lo toca siempre con bastante superficialidad y desidia.

Aquí tenemos una serie de crímenes vinculados al entorno de un manicomio, en París, una de las ambientaciones favoritas del autor. Tenemos a un grupo de personajes, así, una muchacha internada en la clínica, un periodista de Paris Match que se pone a investigar lo que sucede, y un amigo de éste, personaje cómico para aliviar la supuesta tensión, el típico personaje machista de la narrativa de Ledesma que solo piensa en beneficiarse a cualquier fémina que se le cruce… y al que, justo cuando está a punto de conseguirlo le llueven literalmente muertos del cielo sobre su vehículo.

La historia está construida de un modo deslavazado y espasmódico, y la trama se sigue con notorio desinterés. Como hemos dicho, se trata de una historia policial a la que se insertan unos pocos elementos macabros, para dar el pego, pero no funciona en absoluto como historia de terror. Tal vez se podría haber incluido en una colección como «Punto Rojo», pero al final hay una explicación que interna la trama en los terrenos de la ciencia ficción, por lo cual no es del todo factible. Las diez o quince últimas páginas, cuando la pareja protagonista se interna en una mansión misteriosa, suben el nivel, por el ambiente extraño y claustrofóbico que obtiene, pero de nuevo se enturbia por la diarreica explicación que el malo ofrece al bueno. Bastante prescindible.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: *

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

Kelltom McIntire: la solidez narrativa en la ciencia ficción

Tuve conocimiento de Kelltom McIntire (José León Domínguez) una fría tarde de octubre de 1975 con la lectura de su novela Tildrich, base uno, número 269 de la colección «La conquista del espacio». En esta historia, ambientada en un lejano planeta colonizado por los terrícolas, los géneros de ciencia ficción, policial e intriga, formando un conjunto muy unitario, nos ilustran sobre el buen hacer literario de este autor.

En mi opinión, la características fundamentales de los relatos de McIntire en la indicada colección es la solidez narrativa, con una prosa límpida y, en consecuencia, sin retoricismos, y la contención de la trama: en las novelas del autor que he leído nunca hay desviaciones innecesarias, ajustándose los acontecimientos al hilo argumental propuesto desde un inicio. Como resultado, los personajes están diseñados para evolucionar en función de la historia, sin que ninguno de ellos pierda, como por encanto, entidad, como por lo común sucede en muchos otros escritores de este tipo de literatura, al menos en los de ciencia ficción y, muy particularmente dentro de la mencionada serie de «La conquista del espacio».

Sin duda, la temática esencial –tenemos otras como, por ejemplo, la de las invasiones– de nuestro autor en este género que abordamos es la del viaje espacial y, específicamente, la del misterio –unas veces casi desenfadado; otras rozando la inquietante extrañeza, e incluso el puro terror– en planetas distantes, bien con civilizaciones tecnológicas –la investigación policiaca se abre paso–, bien en estado virgen, con seres primigenios que tratarán de eliminar a los desorientados astronautas. Esto último ocurre en la magnífica novela La maldición de Kaleenx, número 272 de «LCDE», en la que, con una trama similar, de manera asombrosa, a la del film Alien, el octavo pasajero, una forma brutal de vida infecta los cuerpos de los humanos para transformarlos y eliminarlos. Y, curiosamente, la película es una realización de 1979, mientras que la obra que mencionamos está publicada en 1975. Curiosidades de la vida.

Para terminar este pequeño artículo sobre el estupendo Kelltom McIntire, propondré una mínima antología de lecturas para goce de los amigos lectores.

Tildrich, base uno. Nº 269 de «LCDE».

La maldición de Kaleenx. Nº272 de «LCDE».

La invasión de Hirk. Nº 279 de «LCDE».

Desde un mundo remoto. Nº 312 de «LCDE».

Luis Ángel Lobato