“El alquimista de la serpiente ciega”, de Ralph Barby

El alquimista de la serpiente ciega; por Ralph Barby [Àngels Gimeno y/o Rafael Barberán Domínguez]; ilustración de la portada, Alberto Pujolar. Barcelona: Bruguera, 1975. Colección: Selección terror; nº 128.

Reediciones:

  • ilustración de la portada, Salvador Fabá. Barcelona: Bruguera, diciembre 1984. Colección: Selección terror; nº 598.
  • Barcelona: Olimpic, 2009.
  • Género | materia: terror | detectives de lo sobrenatural – alquimia – inmortalidad.

Ya he hablado aquí negativamente de las novelas de terror que en realidad son policiales disfrazados, y que meten algo un poco macabro o sádico para salir adelante. En el otro fiel de la balanza están obras como la presente, que utiliza el planteamiento policial para reforzar el de terror, y viceversa.

Aquí, en principio, parece que la cosa no va a ir por temática sobrenatural: Scotland Yard sigue la pista a un club privado donde sus socios forman parte de los bajos fondos londinenses. Esa investigación, en apariencia normal, es interceptada por un caso de peculiares características: la aparición de un individuo vestido de monje, que parece haber atacado a una de las integrantes de dicho club, y que está sometido en un extraño estado. Se le interna en un manicomio, donde trabaja el protagonista…

De esta manera, de un modo natural la trama va pasando de una intriga policial a una sobrenatural. En diversas ocasiones, la trama se ve interceptada por uno y otro género, aportando interés al desarrollo de la historia, y enriqueciéndose mutuamente. Como he referido, el protagonista es un psiquiatra, pero además experto en sucesos sobrenaturales, por lo que aquí actúa a modo de detective de los sobrenatural. Interviene ayudando al inspector de Scotland Yard, un individuo, por supuesto, escéptico, y ambos conforman una buena pareja de investigadores de lo oculto, donde uno pone la racionalidad y el otro lo imaginativo. No hubiera estado mal que ambos aportaran otras aventuras de similar corte, lástima que Bruguera odiara la continuidad en este tipo de obras.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ****

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Genocidio en negro”, de Joseph Berna

Genocidio en negro; por Joseph Berna [José Luis Bernabéu López]. Barcelona: Bruguera, abril 1985. Colección: Servicio Secreto; nº 1793.

Acaso sea Joseph Berna el autor de bolsilibros más polémico de todos cuantos existan. Hay una legión de lectores que lo adoran, y otra que… no tanto. De verdadero nombre José Luis Bernabéu López, nació en Játiva (Valencia) el 16 de mayo de 1946, aunque siendo niño su familia se trasladó a Elche, y finalmente en Valencia. Trabajó como administrativo de la RENFE desde comienzos de los años sesenta, y también actuó en un grupo pop como guitarrista, Los Mikel’s, durante dos años. En 1972 comenzó a escribir bolsilibros, después de estar leyendo desde los nueve años, empezando con una de Clark Carrados; tocó todos los géneros y debutó con la novela policial La misteriosa Stella, en «Servicio Secreto» nº 1198 (1973) de Bruguera. Falleció recientemente, el 16 de enero de 2021, a los 74 años de edad.

Su obra se caracteriza, argumentalmente, por incluir mucho humor y, cuando la censura lo permitió, erotismo, siendo sus tramas tan sencillas como dinámicas; en el aspecto estilístico, tiende a la composición de frase breves y directas, en ocasiones haciendo el uso del punto y aparte hasta límites exasperantes —fue llamado «El rey del punto y aparte»—, al estilo de:

                Era rubia.

                Y guapa.

                Y menudas curvas tenía.

                Mareantes.

Lo cual, indefectiblemente, tiende a que sus novelas se lean con una rapidez tremenda. Es posible que al mismo ritmo con que fueron escritas. 

Genocidio en negro arranca cuando dos agentes del FBI irrumpen en la habitación donde se aloja un sospechoso. No hay investigación alguna, ya se sabe lo que sucede y quién es el responsable. El resto es una narración previsible desde el inicio hasta el fin. En medio, mucha acción y bastante erotismo. La novela resulta muy entretenida, y prácticamente no hay instante en que no suceda algo. El malo, por cierto, es un científico loco, muy propio de historias de terror y/o ciencia ficción. Y ofrece la peculiaridad de tener como protagonistas a dos agentes, en lugar de uno, y que ambos acaban con sendas chavalas a su disposición. Sencilla, clara, directa. Nada más.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“¡Mata, pequeña Elsa, mata!”, de Clark Carrados

¡Mata, pequeña Elsa, mata!, de Clark Carrados [Luis García Lecha]; ilustración de la cubierta, Alberto Pujolar. Barcelona: Bruguera, 1978. Colección: Selección Terror; nº 276.

Género | materia: terror | niños malvados – humanos con poderes.

Desde que se estrenara la película The Bad Seed [tv/dvd: La mala semilla, 1956], de Mervyn LeRoy, basada en la obra teatral de Maxwell Anderson de 1954, a partir de la novela de ese mismo año de William March[1], el cine de terror ha alimentado una especial predilección por la temática de los «niños malvados», a tal punto que ha derivado en todo un subgénero de la materia. En la literatura existen muestras previas, como la propia novela de March, aunque no ofrecen un perfil tan genérico en el aspecto de mostrar al niño como un elemento perverso, y son más sutiles, exhibiendo una inquietud más dispersa, como es el caso de la magistral Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, 1898) de Henry James.

Aparte de ello, existe otro subgénero, como es el de los niños con poderes, cuyo máximo ejemplo sería el de Carrie (novela o película, tanto da). Aquí tenemos una niña con poderes. No queda claro, al inicio, si son de carácter premonitorio, o ella influye en que acontezcan sus aciagos presagios, porque, por supuesto, no predice cosas nimias, como que mañana vendrá de visita la tía Agatha, sino la muerte de diversos personajes. Ello proporciona a la cría de un cierto perfil macabro, aunque en sentido estricto no es «malvada».

La niña, la Elsa del título, quedó huérfana, y desde hace años es criada por un tutor. Una prima de la cría va de visita, y tiene la sospecha de que el hombre, de alguna manera, se está aprovechando de la herencia de la cría, aunque parece que la está educando de buenas maneras, si bien no parecen preocuparle los presagios que la muchacha suelta sin parar.

Con todo ello, Clark Carrados conforma una trama muy propia de él, con los personajes dando vueltas alrededor del tema hasta que, al fin, deciden hacer algo, que las páginas se acaban. Mientras, desde luego, Elsa da muestras de sus poderes. El libro es entretenido, dentro de su estilo, y tiene ciertos elementos que le proporcionan cierto nivel de interés añadido, con cierto lenguaje legal que da la impresión de que el autor sabe de lo que habla, aunque el final parece un poco acomodaticio y cobarde por parte de García Lecha. De haber acontecido todo de diferente manera, podría haber deparado una continuación (en la mente del lector, desde luego) de lo más sugestiva.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **½

● bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] Simiente perversa; por William March; traductora, Raquel H. de Busto. Madrid: Alianza, 1973. Colección: Selección del Séptimo Círculo; nº 9.

Los personajes en la ciencia ficción de Ralph Barby

Si hay un autor de bolsilibros de ciencia ficción, junto a Curtis Garland y a A. Thorkent, donde los personajes resulten más sugestivos y tengan –dentro de lo posible en este formato– más desarrollo psicológico, este sería, sin duda, y en mi criterio, Ralph Barby (Rafael Barberán Domínguez en colaboración con Àngels Gimeno).

Ciñéndome a la colección “La conquista del espacio”, los héroes de las novelas de Barby cuentan, claramente, con unas características muy especiales que todo aficionado sabrá reconocer.

La mayoría de los protagonistas masculinos de las narraciones de nuestro autor (siempre apuestos, altos, estilizados, rubios, con largo cabello liso, plenos de masculinidad) pertenecen al estamento militar o son miembros de los servicios secretos que cubren –por lo común– todo el ámbito planetario, del planeta Tierra muy particularmente. Pero perteneciendo a esos cuerpos tan –en la teoría y en la práctica– disciplinados, sobresalen por su rebeldía, por su individualismo, por su enfrentamiento constante con los altos mandos. Y siempre muestran su adhesión con los débiles y oprimidos. Son personajes que, manteniendo su insobornable independencia, aportan al relato una ideología progresista, antiautoritaria, con claro rechazo a las dictaduras con tintes fascistas, tanto de la corporación a cuyas órdenes actúan –o han actuado–, como las de los sistemas engendrados por los malignos enemigos, alienígenas sanguinarios o renegados terrestres, que habitan en otros mundos, con un odio visceral hacia la Humanidad.

Por otra parte, las protagonistas femeninas de estos relatos (con una figura perfecta de opulento pecho, ojos insinuantes, largo cabello rubio, moreno o pelirrojo, rostro de rasgos serios pero atractivos) desempeñan, muy ordinariamente, el papel de prestigiosas científicas: concienzuda astrofísicas, reconocidas biólogas, osadas psicólogas o eminentes doctoras.

Y ellas han de luchar, en una sociedad altamente machista, contra los prejuicios de sus colegas masculinos, la mayoría siempre menos inteligentes –y, a veces, hasta bastantes necios– que ellas. Incluso más: su lucha ha de llegar contra el propio protagonista, que en un inicio recela –y da ejemplo también de ese machismo– de las capacidades de su compañera de aventuras. Pero con el tiempo, las heroínas caerán, inexorablemente, por necesidad de protección y, en definitiva –era irremediable–, por amor, en brazos del seductor, fuerte y valiente galán: no podía ser de otra manera.

En definitiva: feminismo, emancipación, profesionalidad (con una rendición sentimental) son los rasgos que definen a las tenaces mujeres de las historias de ciencia ficción de Ralph Barby.

Y, como ya he señalado, y al igual que sucede con los autores ya mencionados Curtis Garland y A. Thorkent, los personajes de Rafael Barberán Domínguez y de Àngels Gimeno poseen una buena progresión psicológica a lo largo de las tramas, evolucionando con cada acontecimiento y exponiendo una complejidad poco al uso en los narradores de bolsilibros.

A todos estos escritores, los tres mencionados en este modesto artículo y los demás, mi gratitud y admiración.

Siete novelas de alta calidad –en mi opinión– de Ralph Barby que ilustran lo argumentado en este comentario, algunas ya reseñadas en Universo Bolsilibro, y que deleitarán a los aficionados:

Un minuto en la cuarta dimensión. Nº 16 de LCDE.

Las momias. Nº 41 de LCDE.

¡Devorados! Nº 53 de LCDE.

La Bella Durmiente del espacio. Nº 164 de LCDE.

El gran robo sideral. Nº 216 de LCDE.

El día que no salió el Sol. Nº 245 de LCDE.

Harén de terrícolas. Nº 302 de LCDE.

Luis Ángel Lobato

Colección «La huella» de Bruguera [listado]

LA HUELLA

 (Bruguera, julio 1974-julio 1977)

Esta colección estuvo compuesta de 141 números, publicados entre julio de 1974 hasta julio de 1977. Inicialmente, la idea consistía en cubrirla solo con la obra de Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez], y dentro de la temática, digamos, de policíaco / suspense / intriga / espionaje, siempre con un cierto grado de sofisticación. Sin embargo, parece ser que no consiguieron los suficientes títulos, así pues, por un lado, se tiró de otros tres autores, en concreto Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz], Silver Kane [Francisco González Ledesma] y Burton Hare [José María Lliró Olivé], con diez, diez y seis novelas publicadas, respectivamente. Y por otro lado, tirando de reediciones. En principio, al poco de arrancar la colección, se reeditó el nº 2 de «Punto Rojo», nada menos, y a partir del nº 32 se comenzó a tirar de material proveniente de la editorial Rollán, en concreto de las colecciones «Agente Federal», «Los Federales» (un solo título) y, sobre todo, «FBI». Aparte de ello, los títulos de Carrigan escritos especialmente para la presente colección, en su mayoría (si no todos) se reeditaron en la colección Bruguera «Servicio Secreto», salvo tres del inicio, que cayeron en «Punto Rojo». Los originales de los otros autores citados, por lo que parece, quedaron sin reeditar.

ÍNDICE

NombreAutorReed.
1Harry and HarrietLou CarriganPR-853
 2Cantos de sirenaLou CarriganPR-849
3Vivir eternamenteLou CarriganSS-1461
4La última payasadaLou CarriganPR-857
5Última visita a la condesaLou CarriganSS-1470
6Un bello jardín en alguna parteLou CarriganSS-1465
7Juguetes rotosLou CarriganSS-1474
8Asesinatos en primer gradoLou CarriganSS-1478
9El pájaro repugnanteLou CarriganSS-1589
10Clínicamente asesinadoLou CarriganSS-1593
11El aire tiene huellasLou CarriganPR-2
12Visita al zooLou CarriganSS-1597
13Cuidado con las señorasLou CarriganSS-1602
14Las bestias humanasLou CarriganSS-1606
15La muerte aguarda en Hong-KongLou CarriganSS-619
16Un cubo lleno de basuraLou CarriganSS-1610
17Mis amigos me llaman “El Hiena”Silver Kane 
18Quien roba a un ladrón…Lou CarriganSS-1755
19Mil veces espíaLou CarriganSS-1637
20Morir no gusta a nadieBurton Hare 
21La ruta de la fortunaLou CarriganSS-1632
22Por teléfono, desde Las VegasLou CarriganSS-1628
23El rincón de los sueñosSilver Kane 
24Las damas del “Loving Club”Lou CarriganSS-1624
25Dragones del karateCurtis Garland 
26Profesor de sinvergüenzasLou CarriganSS-1619
27La lejana voz del muertoSilver Kane 
28Un hombre llamado SamuraiLou CarriganSS-1615
29Los monstruos buscan la nieblaSilver Kane 
30Operación “Chimpancé”Lou CarriganSS-1642
31Los ojos del gatoCurtis Garland 
32¡Qué linda estás muerta, nena!Lou CarriganAF-100
33La magia de Pepe ChangLou CarriganSS-1646
34La tercera de la izquierdaLou CarriganSS-1651
35Dragón de ChinatownCurtis Garland 
36La muerte tiene un millón de ojosSilver Kane 
37Consejero matrimonialLou CarriganSS-1655
38Rubíes por diamantesLou CarriganSS-1660
39Vuelo 401Lou CarriganAF-23
40Ella se llama “Twist”Lou CarriganFBI-813
41Experiencia premortuoriaLou CarriganSS-1664
42Espía de pacotillaLou CarriganSS-1668
43Perfume de rosas y muerteLou CarriganAF-26
44El fuego del AvernoSilver Kane 
45La cucarachaLou CarriganSS-1672
46Dulce espionajeLou CarriganF-2
47Juego limpioLou CarriganF-7
48Un millón de arañas negrasSilver Kane 
49Doble o nadaLou CarriganSS-1679
50Muñeca de ceraLou CarriganF-13
51Permiso para matarLou CarriganAF-29
52Llama un fantasmaBurton Hare 
53Los elegantesLou CarriganAF-32
54El canto del pavo realLou CarriganSS-1676
55El rompecabezasLou CarriganFBI-796
56¡Grita, grita, amor!Curtis Garland 
57La farándulaLou CarriganAF-46
58Muerto sin réquiemCurtis Garland 
59Los querubines del “Paraíso”Lou CarriganAF-57
60ConspiratySilver Kane 
61«Cosa Nostra»Lou CarriganAF-61
62Toda una hilera de tumbasSilver Kane 
63Los gatos asesinosLou CarriganAF-64
64¡Macumba!Curtis Garland 
65Naranjas de la ChinaLou CarriganSS-1682
66El príncipe RachmaninofLou CarriganSS-1693
67Violación de correspondenciaLou CarriganFBI-851
68El miedo tiene ojosCurtis Garland 
69Muñecas para jugarLou CarriganSS-1696
70El hundimiento del “Stella Maris”Lou CarriganSS-1702
71El vendedor de uranioLou Carrigan 
72El precio de morirBurton Hare 
73Una flor en la mano del muertoLou CarriganSS-1715
74Jugando el juegoLou CarriganSS-1690
75Lavado de cerebroLou CarriganFBI-865
76La más extraña misiónCurtis Garland 
77Muertos de risaLou CarriganSS-1708
78¡Adiós, mundo cruel!Lou CarriganSS-1703
79A centavo el cadáverLou CarriganFBI-871
80Manchas de sangre en los ojosSilver Kane 
81Los pajaritos ciegosLou CarriganSS-1716
82“Travesti” en MiamiLou CarriganSS-1725
83Agua de fuegoLou CarriganAF-68
84El alegre carrouselLou CarriganFBI-888
85Morgan tiene un problemaLou CarriganSS-1728
86Crimen pasionalLou CarriganSS-1747
87El asunto de las “geishas”Lou CarriganFBI-898
88Agente “Tampico”Lou CarriganFBI-905
89Encuentro en IstanbulLou CarriganSS-1744
90Las cosas buenas de la vidaLou CarriganSS-1739
91Cirugía de emergenciaLou CarriganFBI-915
92BrindisLou CarriganFBI-919[1]
93Marimba, tierra de amoresLou CarriganSS-1730
94Un panal de rica mielLou CarriganSS-1734
95Asesinato «on the rocks»Lou CarriganFBI-924
96Miel y moscasLou CarriganFBI-94?
97Los malos negociantesLou CarriganAF-109
98Cabeza de turcoLou CarriganAF-120
99HippiesLou CarriganFBI-929
100Un beso olvidadoLou CarriganSS-1762
101No me cuentes tu vidaLou CarriganSS-1765
102Bombón con venenoLou CarriganFBI-934
103Operación Akak 398Lou CarriganAF-113
104Amor mío, vamos a RíoLou CarriganSS-1767
105300.000 años en globoLou CarriganSS-1776
106Burbujas de coloresLou CarriganFBI-947
107Pasto para tiburonesLou CarriganFBI-939
108Ganador y colocadoLou CarriganSS-1774
109Color verde marLou CarriganFBI-893
110Negocio redondoLou CarriganAF-193
111Diario de un gun-manLou CarriganFBI-952[2]
112¿Eres espía?Lou CarriganFBI-943
113Salud, dinero… y dolorLou CarriganFBI-959
114El juego de las momiasLou CarriganFBI-963
115Profesor especial del F.B.I.Lou CarriganFBI-956
116Cocos de La HabanaLou CarriganFBI-969
117Una mortaja a medidaBurton Hare 
118Su majestad El GatoLou CarriganAF-150
119Una morena y una rubiaLou CarriganAF-169
120Te compro tu dineroLou CarriganAF-153
121Anoche fui ejecutadoCurtis Garland 
122Pedacitos de lunaLou CarriganFBI-1005
123Elige bien tu víctimaLou CarriganFBI-1071
124El jardín de los difuntosLou CarriganFBI-1075
125Flores para los cerdosLou CarriganSS-1779
126Luna color de sangreBurton Hare 
127AménLou CarriganAF-273
128Fuga sin finLou CarriganAF-293
129Los espías mienten siempreLou CarriganSS-1784
130El funeral de las ratasBurton Hare 
131La pobrecita señora FaithLou CarriganFBI-1114
132Piedras sobre el tejadoLou CarriganFBI-1118
133“Octopus” contra “Estrella de Mar”Lou CarriganSS-1788
134Pasaje sin salidaCurtis Garland 
135Algo más que una bromaLou Carrigan 
136Gente de invernaderoLou CarriganAF-296
137Huellas peligrosasLou CarriganSS-1792
138Nubarrones de muerteLou Carrigan 
139Dos y uno… DosLou CarriganFBI-1136
140Tempestad en un vaso de aguaLou CarriganFBI-1139
141Las caras de la muerteLou CarriganSS-1429

AF : Agente Federal (Rollán)

F    : Los Federales (Rollán)

FBI: FBI (Rollán)

PR : Punto Rojo (Bruguera)

SS : Servicio Secreto (Bruguera)


[1] En portada figura el título erróneamente como Brisdis.

[2] Este ejemplar ofrece como título Diario de un g-man; ignoramos si es reedición con el título cambiado o si se trata de otra obra (la continuidad numérica de otros títulos haría sospechar lo primero).

GALERÍA DE IMÁGENES

“La espada y los brujos”, de Curtis Garland

La espada y los brujos; por Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]; ilustración de la cubierta, Rafael Griera. Barcelona: Bruguera, julio 1971. Colección: La conquista del espacio; nº 50.

  • Reedición: Ilustración de la cubierta, Luis Almazán. Barcelona: Astri, 1987. Colección: Ciencia ficción; nº 9.
  • Género | materia: ciencia ficción – fantasía | espada y planeta – hechicería

El subgénero denominado «espada y planeta» (en inglés, sword and planet) se aplica a las historias ambientadas en otros planetas, donde los protagonistas son héroes que han de enfrentarse a sus adversarios con armas sencillas, tales como espadas, en lugar de pistolas de rayos. Es decir, vendría a ser un subgénero hermanado al de la «espada y brujería», pero con ciertos elementos de ciencia ficción en su componente, en lugar del mecanismo exclusivamente sobrenatural. Existen diversas obras que se consideran precedentes del mismo, tales como las británicas Across the Zodiac: The Story of a Wrecked Record (1880), de Percy Greg, o Lieut. Gullivar Jones: His Vacation (1905), de Edwin Lester Arnold —sí, por supuesto: inéditas en España—. De todas maneras, el prototipo de este tipo de literatura suele considerarse Una princesa de Marte (A Princess of Mars, 1912) de Edgar Rice Burroughs, y las subsiguientes obras en la misma línea del autor de Tarzán de los monos. El cómic Flash Gordon de Alex Raymond suele también catalogarse en este subgénero, y otros autores de literatura fantástica también han sido incluidos en el mismo, como Otis Adelbert Kline, Edmond Hamilton, Robert E. Howard —con su Almuric (Almuric, 1939/1964), siendo padre del subgénero hermano referido, la «espada y brujería», con su Conan—, Gardner F. Fox, Michael Moorcock o John Frederick Lange, que con el seudónimo de John Norman aportó la famosa saga de Gor. Aunque, cierto es, algunos de estos autores aplican el uso de “pistolas de rayos”, elemento citado arriba como ausente del mismo, a sus narraciones que también podrían incluirse en el amplio caudal que supone el género de la «space opera».

Si el declive del bolsilibro no se hubiera producido por aquella misma época, quizás el éxito comercial de la película Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, 1982), de John Milius, hubiera propiciado que Bruguera crease alguna colección paralela a sus series sobre el Oeste, el policiaco, el terror y la ciencia ficción, y acaso hubieran creado una propia destinada a narraciones tanto de «espada y planeta» como de «espada y brujería». Quién sabe qué nos hubiera deparado esa hipotética colección. De todas maneras, algunos escritores aprovecharon el elemento de «planeta» del primero de los subgéneros para colar dentro de la colección «La conquista del espacio» obras que se encuadraban en él, siendo acaso los más contumaces cultivadores de ello Lem Ryan y Curtis Garland.

Salvo error, esta es la primera obra de «espada y planeta» que Gallardo incluyó dentro de la colección referida[1]. Aquí nos presenta un vuelo espacial compuesto por dos hombres y dos mujeres. Cuando hay un fallo en la nave, esta se estrella en un planeta y los tripulantes hallan a uno de los hombres muerto en su cápsula de criogenia, tal como en el arranque de la película El planeta de los simios (Planet of the Apes, 1968), de Franklin J. Schaffner. Así pues, el hombre y las dos mujeres salen a explorar el planeta al que han ido a topar, hallándose un mundo anclado en la época medieval, donde existen hombres salvajes, unicornios y hechiceros, tanto benignos como malignos. Nuestro héroe se convertirá, en virtud a un hechizo, en un héroe fuerte y musculoso que se enfrentará a las tribus enemigas con las manos desnudas, pero cuyo objetivo es hacerse con una espada de leyenda, tipo Excalibur, y combatir a los hechiceros malvados que tienen sometido ese mundo.

Dada la temática, Gallardo aplica a la historia más acción de lo acostumbrado en él, y describe las luchas y matanzas con abundancia de explicitud gore, exhibiendo de esa manera la brutalidad del ambiente en que se desarrolla. Además, les aplica cierto tono rimbombante a los diálogos, en especial a los que declama el hechicero, para así conferirle cierto tono poético que, en cierta manera, remita al lector a los antiguos textos medievales, para conectar forma y fondo. La historia es tan sencilla como efectiva, también emocionante, y aunque determinados elementos se adivinan dentro del contexto, ello no impide para que el resultado tenga suficiente dimensión para satisfacer y hacer desear la lectura de más narraciones de la presente catadura.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: ***⅟₂

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] El texto viene precedido de una pequeña introducción hablando del subgénero y justificando la inclusión dentro de la colección.

El campo y la ciudad en la ciencia ficción bolsilibresca (Parte segunda)

Ciertamente; los paisajes no urbanos de Curtis Garland condicionan el comportamiento de los personajes, tanto por su estética como por sus implicaciones en la propia trama de la narración.

El campo –en general, siempre existen excepciones– en las novelas de Garland, al contrario que en las de Carrados / Parrish, pierde totalmente esas características bucólicas y pastoriles y se transforma en algo oscuro, siniestro, maligno. Suelen ser parajes contaminados por sucesos posnucleares, con coloraciones grises y rojizas y con una vegetación devastada. Allí pululan humanos y animales mutantes que arrastran sus tristes destinos o sus ansias de venganza o de depredación. Las sombras lejanas de ciudades en ruinas o de nuevas aldeas medievales (espada y brujería) sirven como desconsolado horizonte.

Pero aún hay más. Los paisajes de otros mundos donde arriban los desventurados exploradores estelares toman, en ocasiones, aspectos oníricos, de pura pesadilla: páramos en los que se materializa la propia música, sus notas y acordes, instaurando formaciones delirantes, también pedregosos valles donde parecen palpitar las rocas, y, sobre todo, planicies dilatadas y mortecinas donde el silencio, un silencio impostado, es el dueño absoluto que oprime a los ya intimidados viajeros.

Pero es la ciudad, el panorama urbano, lo que más caracteriza a la ambientación de los relatos de Curtis Garland. Asimismo, las peculiaridades de esas ciudades están enfrentadas a las de Carrados / Parrish, de las que ya di unas pinceladas en la primera parte de este pequeño artículo.

La ciudad en las historias de Garland –generalizando, como ya he indicado en relación al campo– esclavizan a los personajes. Son grandes metrópolis futuristas que muestran el lado tenebroso de la condición humana.

Por lo común, simbolizan al estado opresor que las gobierna y que subyuga a sus habitantes. Son urbes nocturnas, llenas de neones multicolores, pero también de oscuridad. Las luces aéreas o terrestres de los patrulleros brillan controladoras. Las aceras deslizantes que recorren las dilatadas avenidas siempre están vacías, en un mutismo que impacta en la mente del protagonista y en la de su compañera, los únicos seres humanos que han desafiado al poder gubernamental y que son perseguidos por prolongadas calles vacías, por colosales edificios amenazantes o por niveles de transporte subterráneo en los que habita la inquietud. Ciudades, en fin, que funcionan como entidades al servicio del Poder: un mando inhumano y dictatorial.

En resumen, y para concluir este breve comentario: tanto el campo como la ciudad en la narrativa de Curtis Garland se comportan como dos personajes más de la trama; y personajes nada desdeñables, por cierto.

Como colofón, al igual que en la primera entrega, hago una mínima lista de novelas de nuestro magistral autor que contiene las características que he expuesto y argumentado. Los que no las hayáis leído todavía, pasaréis felices momentos: todas ellas son obras maestras.

Novelas ilustrativas de Curtis Garland:

Alquimia 3000 ((LCDE – Nº 56).

La metrópolis (LCDE – Nº 103).

Centuria XXV (LCDE – Nº 225).

El dragón de los astros (LCDE – Nº 231).

Lo que ocurrió… ¡mañana! (LCDE – Nº 234).

Muñecas mecánicas (LCDE – Nº 242).

Los dioses lloran sangre (LCDE – Nº 256).

Ejecutores de mundos, S. A. (LCDE – Nº 290).

Ciudad Omega (LCDE – Nº 340).

Luis Ángel Lobato

“Tratamiento de terror”, de Adam Surray

Tratamiento de terror; por Adam Surray [José López García]; ilustración de la cubierta, Tamurejo. Barcelona: Bruguera, noviembre 1980. Colección: Selección Terror; nº 402.

  • Género | materia: terror – policial | crímenes

Es norma que muchos escritores, cuando se enfrentaban a escribir algunos textos para la colección «Selección Terror» de Bruguera, lo que hacían en realidad era redactar una novela policiaca tintada de algunos matices macabros. A veces, el resultado devenía positivo, al otorgar a esa mezcla de géneros el divertido matiz del pastiche; pero en otras ocasiones se desvelaban las limitaciones del autor, pues escribir para el género no solo supone acumular situaciones violentas, sangrientas o fantásticas, sino proporcionar a todo ello un halo de terror, es decir, crear una atmósfera, describir esas sensaciones de pavor antes que solo mencionarlas. No todos los escritores están capacitados para escribir terror, y esta novela es una buena muestra de lo referido.

Aquí tenemos, directamente, como protagonista a un ex policía, que ahora trabaja de detective privado, y que recibe el encargo de una antigua novia: su marido ha desaparecido. Así pues, aquí tenemos el punto de partida de una historia policial, donde se irán desvelando las sospechas y los sospechosos. En cuanto a su inclusión en el género de terror, ello es debido a que hay unas cuantas escenas de torturas con descripciones minuciosas, lo cual hace incursionar la narración dentro de la escatología clínica.

La trama no es excesivamente original ni brillante. Se añaden, además, algunos elementos humorísticos a costa del salidillo abuelo del protagonista, hay sexo forzado a mansalva… El clásico ejemplo de bolsilibro mediocre que, a veces, justifica la mala fama de este tipo de literatura. Aunque, pese a todo, acaba divirtiendo si no se muestra uno demasiado exigente.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: *⅟₂

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra

“Un enviado a la Tierra”, de Marcus Sidereo

Un enviado a la Tierra; por Marcus Sidereo [María Victoria Rodoreda Sayol]; ilustración de la cubierta, Miguel García. Barcelona: Bruguera, noviembre 1970. Colección: La conquista del espacio; nº 14.

  • Género | materia: ciencia ficción | invasiones extraterrestres – robots – megalómanos

María Victoria Rodoreda Sayol (1931-2010) fue una de las autoras de bolsilibros más activas de su época. Su futuro esposo, Juan Almirall Erliso (1931-1994), escritor[1], le animó para que ella también se pusiera a escribir historias, y de tal modo se inició con Toray, y luego pasó a Bruguera y a Producciones Editoriales. Salvo error, su obra comenzó a aparecer en 1964, y hacia 1988 dejó de publicar. También adaptó autores clásicos, como Jules Verne, Johanna Spyri, Robert Louis Stevenson o los hermanos Grimm para colecciones juveniles de Bruguera, como «Din-Dan» (no confundir con el cómic de igual título) o «Historias infantil». Y de igual modo escribió guiones de cómics, como las historietas Era atómica, año cero (1965), con dibujo de José Gual, o Año 3000 (1968), con José María Bellalta.

Regresando a su faceta bolsilibrística (que es lo que nos interesa en estos momentos), fue unas de las escritoras de la materia que más seudónimos acumuló, así citemos Ralph Benchmark, Robert Coburn, Donald Crosby, Hamel Dalton, Robert Delaine, Mark Donovan, Kent Douglas, Kent Duvall, Harry Feldman, Douglas Kirby, Jack King, Joseph Lane, Lyonell Lane, Vic Logan, Frank Loman, Ian de Marco, Boris Marcov, Rock Marley, Rand Mayer, Terence Parker, John Randall, Holm van Roffen, Al Sanders, Eric Santo, Herbert Shane, Marcus Sidéreo (o Sidereo), Master Space, Lew Spencer, John Talbot o Harrison Trilby, nada menos, y no son todos, parece ser. Algunos de los seudónimos, como Robert Delaine o John Randall, eran habituales dentro de las narraciones de su marido, y todos los demás los utilizó en unas pocas ocasiones, a excepción de los más famosos, Marcus Sidereo, que utilizó exclusivamente para la ciencia ficción, y Vic Logan, con el que tocó gran diversidad de géneros, como el wéstern, con el cual debutó, el bélico o los más habituales del criminal, terror o ciencia ficción.

Y dentro del campo de la ciencia ficción, según comenta José Carlos Canalda en su página[2],  llegaría a publicar 113 novelas, repartidas de esta manera: 48 en «La conquista del espacio» de Bruguera y nueve en «Espacio. El mundo futuro» de Toray, todos ellos inéditos; y luego como reediciones, ocho en «Galaxia 2001» de Andina/EASA y 47 en «Infinitum» de Producciones Editoriales, y una más que fue una versión, en un caso muy peculiar[3]. En definitiva, 57 títulos originales y 55 reediciones y una versión, lo que hace casi una totalidad de mitad y mitad en cada caso.

Pasando ya a Un enviado a la Tierra, se trata de una novela escrita en 1970 (o, al menos, publicada) que tiene una evidente influencia cinematográfica como es Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951), solo que el amable extraterrestre que llega a nuestro planeta en realidad oculta planes más oscuros para con nosotros. Para acentuar el parecido con la película, el protagonista extraterreno es tiroteado para luego recuperarse, en un momento determinado se paraliza la energía eléctrica de un edificio, y aparece el concurso, no de un robot, sino hasta de tres, de tres metros de alto, que secuestrarán a la chica y a un grupo de investigadores. La segunda parte de la novela transcurre en el planeta originario de nuestro protagonista.

Toda la novela, pero en especial el arranque, destila una ingenuidad de lo más candorosa, aunque al final no induce a la risa despectiva o de superioridad, sino más bien a una sonrisa tierna. Dentro del tremendo infantilismo de todo, destaca positivamente el aire melancólico del extraterrestre, que asume su misión de engañar a los humanos con nulo entusiasmo. Mientras la chica le va enseñando nuestro mundo (y la mujer tampoco se esfuerza demasiado), él ha de combatir las reacciones que la Tierra le despierta, así como la muchacha. Cabe destacar el elemento chocante de que el alienígena se llame Manu, lo cual resulta bastante divertido. Además, el planeta del que procede se denomina Aknolia, y el regidor del mismo Aknol, lo cual hace pensar en un ego desmesurado, aunque si se trata de un dictador, como es el caso, también resulta bastante coherente. Ese dictador, por otro lado, recuerda bastante al mago de Oz de la obra de L. Frank Baum, y podría decirse que la novela, en su conjunto, es un cuentecillo ambientado en un entorno de ciencia ficción.

Carlos Díaz Maroto

CALIFICACIÓN: **

• bodrio * mediocre ** interesante *** buena **** muy buena ***** obra maestra


[1] Que sepamos, los seudónimos por él utilizados fueron Robert Delaney, Robert Delaine, Elliot Lander, Roberto Millán, John Randall y Johnny Romano.

[2] https://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op01585.htm (Consultado el 5 de mayo de 2021).

[3] La hora de las células (1969, Toray, nº 41, como Marcus Sidereo) se convirtió en Las moléculas (1980, Ed. R.O., nº 1, como Robert Delaine), cambiando la redacción y los nombres de los personajes. La primera, por lo demás, fue reeditada como ¡Células! (1980, Producciones Editoriales, «Infinitum» nº 31, con el seudónimo de Ralph Benchmark. Sugiero la lectura del apasionante texto de Canalda en el link de la nota 1 para descubrir la concienzuda investigación realizada.

“Pueblo muerto”, de A. Rolcest

Pueblo muerto; por A. Rolcest [Arsenio Olcina Esteve]. Barcelona: Editorial Bruguera, 1963. Colección: Bisonte; nº 377.

Reedición: Barcelona: Editorial Bruguera, febrero 1979. Colección: Bisonte, Serie Azul; nº 427.

Sobre A. Rolcest, seudónimo de Arsenio Olcina Esteve (1909-1997), ya se dieron algunas notas biobibliográficas en la reseña de este blog sobre Orden de invasión (Colección Servicio Secreto nº 81), firmada por Carlos Díaz Maroto (25 de noviembre de 2020), y en la reseña sobre Pueblo sin sheriff, de quien les escribe y publicado asimismo en este blog (13-01-2021).

Como otros escritores que fueron leales al Gobierno de la II República y combatieron en la guerra que ocasionó el golpe de Estado de los facciosos (y Arsenio Olcina combatió en el frente), no solo padeció condenas, cárcel, etc., sino también la prohibición de publicar una obra propia. Es uno de los escritores en ciernes, por su edad entonces, que se “refugiaron” en la escritura de las novelas de a duro, o bolsilibros, como esta que presentamos a los lectores.

Escribió y publicó en 1938 Dum-Dum: Trazos de la revolución y la guerra,un conjunto de relatos de gran fuerza expresiva, de los que el escritor dice que «son momentos apresados al azar…, más que haberlos captado yo, son ellos los que me han apresados». Dum-Dum, Potrillo Salvaje, Román, son personajes llenos de vida y de muerte en esta obra primeriza pero de considerable madurez narrativa. Una obra sin reeditar desde 1938 y que merecería esa oportunidad.

Pueblo muerto, como Pueblo sin sheriff, retoma un tema querido por el autor, como es de los pueblos o comarcas en poder de un tirano (un terrateniente), o de una banda de secuaces. Lo importante es el efecto de dominio y vasallaje de estos poderes omnímodos, y las actitudes de cobardía, amoldamiento o de rebeldía de la gente del pueblo. En todos los casos, siguiendo las reglas del género, hay un elemento (digamos) «catalizador», como es la llegada de un héroe, de un joven valiente que se enfrenta a la situación, pone en evidencia a los pobladores atemorizados y desencadena los hechos que darán como resultado la liberación. En la ficción se cumple lo que en la realidad no siempre es posible conseguir. Un forma de justicia poética.

En Pueblo muerto, el inicio es realmente sorprendente: un jinete llega a un pueblo «muerto», sin gente en la calle, aunque se intuye que sus pobladores están escondidos en el interior de sus casas o tabernas. El jinete recibe dos disparos intimidatorios desde el interior del saloon, pero lejos de sentirse acobardado, entra en el local, y tiene un primer enfrentamiento, pistolas en mano, con los dos únicos parroquianos que dan la cara con la intención de partírsela.

¿Cuál es el misterio de ese «pueblo muerto»? Un cliente se lo explicará: el dueño del pueblo, de gran parte de las tierras y del agua que bebe el ganado se llama Anson Haysen y está loco. El pueblo fue saqueado por los sudistas durante la guerra civil entre los Estados, y mataron, entre otros, a la esposa de Haysen. Desde entonces, enloquecido, exige que cuando él y su cuadrilla de peones cruzan el pueblo, nadie esté en las calles, ni humano ni animal de otra especie. Anson Haysen sale al territorio con su «milicia», como si estuviera todavía en plena guerra.

En esta locura o pantomima le siguen y colaboran, su hija, Guny Haysen, y un individuo (con bastantes propiedades) llamado Doug Brent, también interesado en mantener la farsa. Lo sabrá el forastero en seguida: el tal Doug Brent, aunque aparentemente sigue el juego al loco, le roba ganado, y quiere que cometa con sus bellaquerías algún delito para quitárselo de en medio, y así conseguir los derechos sobre el agua. Con esto último podrá expulsar a todos los rancheros de la comarca, que ahora pueden disponer de esa agua gratis.

La trama está planteada. Conocemos al gran propietario y loco de su locura (Anson Haysen), al sinvergüenza que quiere hacerse dueño de todas las tierras (Doug Brent) y nos falta conocer mejor a los dos protagonistas de la novela, y héroes de la misma. El forastero se llama Har Leber, es alto, bien plantado, valiente, listo y prudente. Viaja hasta ese poblado llamado Torsaw porque es el hijo del ingeniero que perforó la galería y el canal que abastece de agua la comarca y, además, porque tiene unos derechos heredados sobre la misma.

La hija del loco (Guny Haysen) es joven, bella, escultural, con una pizca de descaro y con un gran carácter. Como suelen ser las heroínas de A. Rolcest, tiene sus puntos de vista y los defiende. Cabe preguntarse por qué le sigue el juego al padre en su locura y en sus salidas disparatadas para combatir a unos nordistas inexistentes. Hay una razón de peso: Doug Haysen, el sinvergüenza de esta historia, la chantajea. No desvelaremos más.

La relación de odio/amor entre el forastero y la hija del terrateniente y loco es el motor principal de la novela: Har Leber, acusa a Guny Hausen de cobarde por seguir el juego a su padre, que se cree todavía en los tiempos de la guerra de Secesión. Lo hace por amor al padre, pero también por el temor a ese chantaje, que ya hemos comentado, y que se irá desvelando durante el desarrollo de la trama.

Las tramas de A. Rolcest nunca son lineales o con personajes estereotipados. Quien lea la novela comprobará los giros del argumento, las reflexiones que las justifican y la complejidad de los personajes, que nunca son de una pieza. Cada cual tiene sus razones, sus errores, y la capacidad de enmendarlos. Es cierto que hay un impulsor, un motor, que rompe con su actitud y sus hechos la situación estanca, y es el héroe, Har Leber, el personaje con menos matices, con menos contradicciones, quien le canta las verdades a los demás, al loco, a la hija del loco, al secuaz que saca provecho de la situación, y al pueblo entero. Este forastero odia especialmente el despotismo, y así lo expresa en este bolsilibro.

Como es norma de género, la acumulación de tensión finalizará en esa hecatombe donde ambas partes resuelven en un enfrentamiento decisorio su disputa. Y donde nuestro héroe se bate con el secuaz, en este caso Doug Haysen, a la vez que la “locura” del padre es desvelada, y el pueblo liberado de la fantasías del padre y de la amenaza de no ser abastecido de agua para el ganado.

El estilo de A. Rolcest es sencillo, muy puntilloso en nombrar las cosas con sus denominaciones, llevando el lenguaje del Oeste al de sus lectores, que eran españoles; utilizando párrafos no muy largos y diálogos con cierto ingenio, reveladores, que huyen de lo convencional. Un trabajo fino, en suma, de quien no se consideraba un mero «juntapalabras».

Respecto a Pueblo sin sheriff, este bolsilibro, Pueblo muerto, no tiene una línea tan clara en su desarrollo, ni los momentos de tensión están resueltos con la misma intensidad narrativa. Aún así, es una novela de interés, con un planteamiento de máximos, intrigante, como es ese pueblo muerto y ese loco que cree que la guerra no ha finalizado y exige que los habitantes se escondan (igual que cuando el pueblo fue saqueado) o que ordena ahorcar a «desertores», como quiso hacerlo con el mismo Har Leber. Hay un obvio paralelismo entre este loco y Don Quijote, pero A. Rolcest no fuerza las similitudes, aunque sí algunas características, como los momentos de lucidez del personaje.

Arsenio Olcina escribió los relatos de Dum-Dum «sentado sobre una piedra entre ecos de cañón, voz de muerte». En el prólogo de su libro expresaba su deseo de que «tal vez les dé más extensión, más personalidad, mañana… Ese mañana…»

No pudo ser así. Lo que llegó, ese mañana, se asemejaba más bien a ese Pueblo muerto.

Gonzalo Francoblanco

Calificación: ***